La testigo Claudia Montes pasa la mañana sentada con sus abogados en los pasillos del Supremo. Tiene cara de aburrida. El Tribunal Supremo es un sitio petado de historia, pero ojo con meterte ahí pensando que es Glastonbury. La presencia de Claudia Montes, como la de Jésica Rodríguez, obedece a un amargo conflicto político: el supuesto enchufe con el que el acusado José Luis Ábalos la empleó en la administración pública. Las horas se hacen largas y su turno está previsto que sea el último antes del receso para comer. Seguir leyendo