El coste de vida no ha dejado de aumentar en los últimos años y el acceso a la vivienda es cada vez más complicado. Es algo que ya forma parte de la conversación habitual, pero aun así sigue habiendo quien sostiene que los jóvenes no pueden permitirse una casa porque gastan demasiado en ocio, viajes o pequeños caprichos. Sobre este tema se ha hablado recientemente en el conocido podcast 'Erre que erre', en el que Raquel Valero y Rafael Navarro han reflexionado precisamente sobre por qué muchos jóvenes pueden permitirse gastar en ocio aunque no tengan cubiertas necesidades tan básicas como la vivienda. «Lloramos porque no hay quien compre un piso, pero el concierto de Rosalía de 200 euros la entrada se agota en un momento. ¿Por qué ocurre esto?», plantean al inicio del fragmento. A partir de ahí, ambos rechazan que se trate solo de mala gestión y apuntan a un problema de fondo. «Es que los números no dan, Rafa», resume ella. Según explican, antes un piso podía costar tres veces el sueldo, mientras que ahora puede llegar a costar diez. Esa distancia hace que reunir el dinero necesario para entrar en una hipoteca se vea como algo muy lejano. «Si para dar la entrada de un zulo tienes que gastar sesenta mil euros, pues queda muy lejos», comentan. Esa sensación, sostienen, empuja a muchos a gastar en el presente en lugar de reservar un dinero que sienten que no les va a cambiar la vida. «Casi que apetece más gastárselo en un sushi y en conciertos», ironizan. Por eso, concluyen, las terrazas de los bares «no están llenas de gente rica, sino de personas que han renunciado a pensar en una hipoteca». «Preferimos gastar cincuenta euros en una cena hoy y disfrutarla hoy que ahorrarlos y gastarlos en un piso que sube quinientos euros cada mes».