La corriente oceánica más potente de la Tierra empezó a formarse hace 34 millones de años, en un momento decisivo para el clima del planeta. Justo entonces, la Tierra dejaba atrás una fase mucho más cálida y comenzaba a enfriarse, con la Antártida camino de quedar aislada y cubierta por hielo permanente. Un nuevo estudio sostiene que ese cambio no dependió de un solo factor, sino de una combinación mucho más precisa de lo que se pensaba.Hasta ahora, la idea más repetida era que esta corriente nació cuando se abrieron los pasos oceánicos alrededor de la Antártida, al separarse Australia y Sudamérica. Sin embargo, las nuevas simulaciones apuntan a que eso no bastó. Para que esa corriente arrancara, también hizo falta que Australia se hubiera desplazado lo suficiente, no solo separarse, y que los vientos del oeste soplaran justo por la zona adecuada.Qué cambió hace 34 millones de añosLa protagonista de este hallazgo es la Corriente Circumpolar Antártica, una enorme masa de agua que rodea la Antártida sin chocar con continentes que la frenen. Hoy es una pieza básica del sistema climático global, porque conecta grandes corrientes oceánicas y ayuda a redistribuir calor, agua y nutrientes por todo el planeta. Su tamaño da una idea de su importancia: mueve mucha más agua que todos los ríos de la Tierra juntos.Lo relevante del estudio es que cambia el relato sobre su origen. Los investigadores del Alfred Wegener Institute recrearon en sus modelos cómo era el planeta hace 33,5 millones de años, cuando Australia y Sudamérica todavía estaban más cerca de la Antártida. Con esa reconstrucción analizaron la interacción entre océano, atmósfera, masas de hielo y continentes para ver en qué momento esa circulación marina pudo cerrarse alrededor del continente austral.Reconstrucción de la corriente hace 33,5 millones de años (Knahl et al., PNAS, 2026)El resultado fue llamativo. En aquella fase inicial ya existía una especie de corriente embrionaria, pero no una corriente completa como la actual. Parte del flujo se desviaba hacia el norte y no conseguía rodear de forma estable el continente helado. Faltaba una pieza esencial: que los fuertes vientos del oeste atravesaran de lleno del Pasaje de Tasmania, el corredor marino entre Australia y la Antártida.Cuando esa alineación entre geografía y vientos se produjo, la situación cambió. La corriente pudo consolidarse, aislar mejor a la Antártida de aguas más templadas y reforzar el enfriamiento del planeta en plena transición al Oligoceno. Es decir, no fue solo una consecuencia del cambio climático de aquella época, sino también una de las piezas que ayudaron a afianzarlo.El trabajo no reconstruye el pasado. Los autores consideran que entender cómo nació esta corriente ayuda a interpretar mejor su papel actual, en un contexto de calentamiento global. No porque la historia vaya a repetirse tal cual, sino porque muestra hasta qué punto el clima de la Tierra depende de equilibrios muy concretos entre océanos, vientos, hielo y continentes. Hasta el "mínimo" factor puede cambiar todo el planeta..image img { width: 100% !important; height: auto !important; }.newsletter-block { border: 2px dashed #ccc; padding: 1.5rem; text-align: center; background-color: #f9f9f9;}.newsletter-block__label { font-weight: bold; margin-bottom: 0.5rem;}.newsletter-block__placeholder { color: #888; font-style: italic;}