85 F-35 de un golpe: así quiere EE UU gastar 1,5 billones en la mayor compra de cazas

Wait 5 sec.

El gasto militar estadounidense ha dejado de ser predecible. La Casa Blanca acaba de remitir al Congreso una propuesta presupuestaria para Defensa que asciende a 1,5 billones de dólares, una cifra que pulveriza los 716.000 millones con los que Donald Trump ya había marcado récord en su primer mandato. La propuesta coloca al país a la cabeza mundial por un margen difícil de discutir.El plato fuerte del documento son los aviones de combate. De los 1,5 billones totales, una parte importante del músculo adquisitivo se destina a la flota táctica, y el caza furtivo de Lockheed Martin vuelve a ser la pieza estrella. Pekín, Moscú y los aliados europeos miran con lupa cada enmienda del Congreso, conscientes de que el aparato que compren los norteamericanos marcará el pulso aéreo durante las próximas dos décadas.La magnitud de la petición sorprende incluso a los defensores del programa. El Pentágono reclama fondos para casi el doble de unidades que en el ejercicio previo, en un giro que contradice los recortes graduales anunciados hasta ahora. El movimiento deja abiertas varias preguntas sobre la estrategia industrial de los rivales del caza de Lockheed.El reparto entre tres serviciosSegún informa Breaking Defense, el documento detalla la cantidad exacta de unidades que Washington quiere incorporar: 38 aeronaves F-35A para la Fuerza Aérea, 37 F-35C para la Armada y 10 F-35B de despegue corto y aterrizaje vertical para el Cuerpo de Marines. El total suma 85 aparatos, casi el doble que los 47 previstos en el ejercicio fiscal 2026 y una cifra que encaja con el récord presupuestario global de la Casa Blanca.El desglose rompe con la tendencia de recortes que venía marcando el programa desde hace cinco ejercicios. La Fuerza Aérea llevaba meses rebajando sus expectativas y la Armada había cuestionado la conveniencia de la variante de portaaviones, más cara y compleja que el modelo básico del aparato. El giro recuerda que las capacidades prometidas por Lockheed siguen siendo el argumento principal para defender una inversión de este tamaño.Dudas técnicas y presupuestariasLas cifras chocan con los informes técnicos recientes sobre el programa. La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno norteamericano documentó en 2024 que el caza no había alcanzado ninguno de sus objetivos clave de capacidad operativa. La Armada estadounidense ha aceptado también aparatos sin los radares operativos, un parche que obliga a inmovilizar aviones nuevos hasta que llegue el hardware definitivo.El debate en el Capitolio no se limita a la ingeniería. El republicano Rob Wittman, vicepresidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, ha confirmado que su formación marcará el techo de gasto en los 1,5 billones de dólares reclamados por la Casa Blanca. La factura dependerá en gran medida de los 350.000 millones que la administración espera obtener mediante un proceso de reconciliación presupuestaria, una vía que permite sortear el bloqueo del Senado.Sombras sobre el aparato furtivoLa paradoja del caza furtivo no es nueva. Un número creciente de aparatos sale de la cadena de montaje con piezas inacabadas, y los tiempos de entrega de los sensores de última generación siguen acumulando retrasos. La oficina de pruebas y evaluación del Pentágono ha llegado a calificar como insuficientes varios hitos en los últimos cuatro años, una sombra que cualquier comité de asignaciones puede esgrimir para rebajar la cifra final.Wittman ha adelantado que la Cámara presionará para redirigir parte del dinero hacia mejoras del software Block 4 antes de ampliar la flota. El tira y afloja con el Pentágono se resolverá durante el verano y decidirá si Washington recupera el ritmo industrial de la década pasada o si el programa vuelve a reajustarse a la baja. La pelota queda en el tejado del Congreso, que tendrá la última palabra sobre una petición que ya ha hecho saltar todas las alarmas en el sector.