Las cuevas de El Cantal, en Málaga, revelan un sistema de códigos anicónicos compartido por los últimos neandertales y los primeros homo sapiens. Puntos, trazos y marcas repetidas se convierten en el rastro de un lenguaje gráfico organizado que desvela cómo estos grupos afrontaban la oscuridad de sus incursiones subterráneas.