Tras una expedición en 2023 al lugar del impacto, investigadores recuperaron 850 esférulas fundidas del meteoro IM1, que entró en la atmósfera en 2014 a más de 45 km/s. Un 10% mostró una composición inédita, imposible de asociar con materiales terrestres comunes, lo que refuerza su carácter interestelar.