Así está Irán rompiendo el escudo antimisiles israelí: ojivas de racimo desde altura

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La imagen de una ojiva iraní fragmentándose a gran altura sobre el norte de Israel y repartiendo decenas de submuniciones sobre un área de kilómetros marcó un punto de inflexión en la actual ronda de enfrentamientos. Irán ha dejado de apostar todo al misil balístico de cabeza única, el formato que Tel Aviv lleva dos décadas aprendiendo a interceptar, y ha empezado a usar variantes de racimo que descomponen el problema defensivo en decenas de blancos simultáneos. El cambio de doctrina es silencioso pero enorme.La familia Khorramshahr es el vehículo elegido para esta táctica. Derivada de los antiguos misiles intermedios norcoreanos y adaptada por la industria iraní en sus versiones 2 y 4, transporta ojivas capaces de separar entre veinte y ochenta submuniciones, cada una con una carga útil de dos a cinco kilos de explosivo. Los propios ingenieros iraníes las describen con una expresión muy gráfica: ojivas de lluvia.El truco no está solo en multiplicar los impactos. Está, sobre todo, en la altura a la que se libera la carga. Los análisis de imágenes satelitales y radar recopilados en los últimos meses sitúan la apertura entre los siete y los trece kilómetros, una franja en la que muy pocos sistemas antimisiles pueden actuar. A partir de esa altitud cada fragmento sigue una trayectoria propia y la defensa pasa de tener un objetivo a tener cuarenta.Por qué las capas bajas de la defensa no lleganLa arquitectura israelí está concebida por niveles. La Cúpula de Hierro se encarga de amenazas cortas, proyectiles de artillería y cohetes de bajo alcance. David's Sling asume el tramo intermedio con interceptores Stunner, cuya cota máxima ronda los quince kilómetros. Por encima entran en juego Arrow 2 y Arrow 3, este último pensado para interceptaciones fuera de la atmósfera, y sistemas estadounidenses como THAAD o SM-3. El problema es que ninguna de las capas inferiores llega al punto en el que la ojiva iraní ya se ha fragmentado.Patriot, el apoyo de toda la vida, queda fuera de juego contra la lluvia de submuniciones, según describe la prensa especializada estadounidense. David's Sling puede tocar una ojiva única antes de la separación, pero si el misil balístico abre su carga por encima de su techo operativo, los fragmentos caen sin que nada los detenga hasta el último segundo. La Cúpula de Hierro termina absorbiendo fragmentos sueltos, pero no puede mantener el ritmo frente a un saturado masivo. El papel de THAAD queda condicionado a su posición geográfica.Lo que implica para el equilibrio regionalLa única solución estable pasa por tumbar el misil antes de que abra la ojiva. Eso obliga a disparar Arrow 3 o SM-3 en la fase media del vuelo, municiones caras, limitadas en número y pensadas para amenazas de mayor calibre que las habituales en Oriente Medio. Los inventarios de interceptores exoatmosféricos se han erosionado con las sucesivas andanadas y distintas fuentes militares avisan de que el ritmo de reposición no acompaña al ritmo de consumo.Irán, por su parte, ha entendido el cálculo. Cuesta mucho menos fabricar un Khorramshahr con ojiva de racimo que un interceptor Arrow, y la ecuación de costes entre ofensa y defensa se desplaza en cada andanada. El arsenal de misiles iraníes combina estas ojivas con drones en enjambre y, más recientemente, con variantes hipersónicas anunciadas en los últimos ensayos regionales. Todo ello apunta a una guerra de atrición tecnológica donde Israel tiene que acertar siempre y Teherán solo necesita acertar a veces.Las consecuencias van más allá del propio conflicto. Cualquier país con un escudo basado en capas, desde Estados Unidos hasta Corea del Sur, observa con atención la técnica iraní, porque demuestra que una potencia media puede abrir grietas en defensas que parecían impenetrables. El concepto de lluvia de submuniciones era conocido desde la Guerra Fría, pero su combinación con balísticos de medio alcance, altura óptima de apertura y bajo coste unitario es nueva. Y cuando una idea nueva funciona en combate, el manual del que copiarán otros ya está escrito.