En el hospital central de Mzuzu, ciudad situada al norte de Malaui, una enfermera le gritó a Chisomo Nkwanga en medio de un pasillo abarrotado. El joven de 24 años había acudido por primera vez a este hospital público para recoger su medicación vital contra el VIH, la misma que había recibido con dignidad en la clínica financiada por donantes en su ciudad hasta que esta cerró sus puertas en enero de 2025.Seguir leyendo