Hubo un tiempo en que el cine español, con cuatro perras gordas, un decorado de cartón piedra y una censura vigilando desde la butaca, conseguía algo que hoy parece milagroso: hacernos un poco mejores. No más listos, no más modernos, no más europeos. Mejores, que no es lo mismo. Hablo de aquellas películas de los años cincuenta y sesenta como Tres de la Cruz Roja, Los tramposos, Manolo guardia urbano o El tigre de Chamberí . Títulos que hoy algunos despachan con una mueca de suficiencia, como estampitas de un país sombrío, ingenuo y pobre. Y, bueno. Éramos pobres e ingenuos a menudo, en efecto, y el blanco y negro no era del todo una metáfora. Pero en esa aparente... Ver Más