La culpa de que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, haya perdido las elecciones este domingo tras 16 años ininterrumpidos en el poder —a los que hay que sumar otra legislatura de 1998 a 2002— no es de que haya gobernado con mano de hierro sin apenas controles democráticos, con graves casos de corrupción y un empobrecimiento generalizado del país, sino de la “brutal campaña” contra el dirigente ultra “protagonizada” por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y “eurodiputados del PP y la izquierda”. Ese es el argumento que dio este lunes el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, que consideró una “mala noticia” la derrota de su principal aliado.Lo cierto es que se trata de un duro golpe para la formación ultraderechista española, ya que hasta ahora Orbán ha sido la pieza central en la arquitectura internacional de Vox construida por su líder, Santiago Abascal. La caída del primer ministro húngaro debilita a la extrema derecha en términos simbólicos, estratégicos y financieros, aunque Garriga aseguró que su partido tiene total “autonomía” y que solo se debe a los “70.000 afiliados” de la formación.El hasta ahora primer ministro también ha sido una importante fuente de financiación para Vox —y otras derechas radicales—, ya que la banca húngara otorgó un préstamo millonario a la formación española para sufragar sus campañas para las elecciones generales de 2023 y para las europeas de 2024, tal y como demostró la investigación Money to the far-right (Dinero a la ultraderecha), desarrollada por infoLibre y Follow the Money. El Ejecutivo de Orbán posee un 20,01% del banco involucrado en esa operación. Según Vox, se vieron “obligados" a buscar financiación fuera porque las entidades españolas no querían prestarles dinero.Para los ultras, Orbán ha encarnado durante dos décadas el nacionalismo excluyente, la confrontación con Bruselas, la guerra cultural contra la izquierda, el endurecimiento migratorio, la hostilidad hacia los medios de comunicación y la lucha por los llamados “valores occidentales”. Era la brújula de Vox, el ejemplo de que se podían moldear las instituciones, condicionar a Bruselas y resistir el aislamiento. Hasta ahora.Orbán no es un aliado cualquiera para Abascal, sino la figura detrás de la creación de Patriotas por Europa, el grupo del Parlamento Europeo en el que está Vox y que preside Santiago Abascal. “No podríamos tener un líder mejor que tú", aseguró el primer ministro húngaro en la visita de Abascal a Budapest para apoyarle. Ese grupo cuenta con 85 eurodiputados, pero Orbán no sólo aportaba escaños, sino que condicionaba políticamente a la Unión Europea. Durante los últimos años ha vetado iniciativas en el Consejo Europeo y no le ha puesto las cosas fáciles a la Comisión de Von der Leyen.Sin Orbán, Patriotas por Europa pierde a una de sus figuras con mayor capacidad de condicionar la agenda comunitaria. Por ese motivo Abascal fue a Budapest a arroparlo. Desde la capital húngara lo definió como "uno de los mejores políticos de este siglo" y aseguró que era "el auténtico protector de Europa”. “Queremos que Europa siga siendo así, con su propia identidad y tradiciones, las dignas portadoras de la civilización occidental y cristiana", señaló. Tras su derrota, Abascal publicó un mensaje en su cuenta de X en el que afirmó que “Hungría era la única nación de Europa a salvo de la invasión islamista”.El líder de Vox también hizo una apuesta estratégica por Orbán al sacrificar su alianza con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en el Parlamento Europeo. Se adhirió al grupo de Patriotas y abandonó a los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) tras las elecciones europeas de 2024, un movimiento que fue muy criticado internamente. El hecho de que Orbán ya no esté en el poder debilita, además, la idea de que esa “internacional” está en fase ascendente e imparable. Es un revés para la red ultraconservadora internacional y una victoria del campo proeuropeo frente al modelo iliberal.Orbán también ha sido el principal aliado del presidente ruso Vladimir Putin dentro de la Unión Europea —lo que incomodaba especialmente a los ultras españoles— y uno de los apoyos más claros para la estrategia de su homólogo estadounidense, Donald Trump. Con su derrota, el Kremlin pierde su interlocutor más fiable en la UE y, para el universo trumpista, cae uno de sus socios ideológicos más emblemáticos en el continente. Tal era la importancia de que Orbán revalidara el mandato que el vicepresidente de Trump, JD Vance, se desplazó hasta Budapest para hacer campaña por él y puso de manifiesto que no sólo estaba juego la jefatura de gobierno sino la necesidad de contar con un socio fiable con un rumbo opuesto a los intereses de la UE. “Querría enviar de verdad una señal a todo el mundo, en particular a los burócratas de Bruselas”, afirmó el vicepresidente estadounidense, “que han hecho todo lo posible para mantener al pueblo húngaro bajo presión porque ellos no aman al líder que defiende al pueblo de Hungría”.La internacional ultra se volcó con Orbán, sabedora de que si perdía las elecciones ante el conservador Péter Magyar, su fuerza en el viejo continente se vería debilitada, con una menor capacidad para influir en el rumbo de la Unión Europea, dejando a Meloni más dispuesta aún a participar en políticas comunitarias como el apoyo a Ucrania, las sanciones contra Rusia, las críticas a Estados Unidos por su unilateralismo belicista y, quizás, a rebajar la presión sobre las políticas del Pacto Verde, y quedando sólo como líder euroescéptico el eslovaco Robert Fico, a la espera de lo que deparen las presidenciales francesas de 2027.Así, el fracaso del húngaro se suma al desgaste de Vox por su cercanía a Trump, pese a que el presidente norteamericano se ha convertido para una parte muy amplia de la sociedad española en un símbolo de inestabilidad, unilateralismo y amenaza bélica, y que ha impulsado medidas muy impopulares como los aranceles. Aun así, mientras el resto de la derecha radical europea comienza a tomar distancia de Trump, Vox se mantiene inquebrantable.Ese desgaste externo coincide, además, con un momento de tensión interna en Vox. La caída del principal aliado de la formación ultra en Europa llega en plena crisis interna del partido, cuando los críticos de la dirección cuestionan tanto la deriva estratégica como la apuesta internacional de Abascal al mismo tiempo que sitúan el foco en el enriquecimiento personal tanto del líder de Vox como de su núcleo más cercano.El hecho de que el primer ministro húngaro haya sido derrotado por Magyar, excompañero de partido de Orbán, es también un aviso para Vox en un momento en exdirigentes de la formación como Iván Espinosa de los Monteros o Javier Ortega Smith están liderando una revuelta contra la dirección de Abascal. Magyar ha puesto fin a 16 años de poder de Fidesz con una amplísima victoria, favorecida por una participación récord y por un voto que ha atravesado generaciones, ciudades y clases sociales en Hungría.Este mismo lunes, en Los Desayunos del Ateneo, Espinosa de los Monteros lanzaba una advertencia a Abascal tras la derrota de su aliado: “Lo que me dice la victoria de Péter Magyar es que, pese a las apariencias, cuando un buen líder se va deteriorando o tiene posiciones diferentes con las que llegó, se le puede ir desplazando. Es una buena noticia”.