España quiere armas láser y cañones electromagnéticos para sus Fuerzas Armadas

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El Ministerio de Defensa ha dado un paso que, sobre el papel, podría transformar la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas españolas en las próximas décadas. La Dirección General de Estrategia e Innovación de la Industria de Defensa (DIGEID), dependiente de la Secretaría de Estado de Defensa, ha elaborado la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa (ETID) 2026, un documento que traza las líneas maestras para dotar al Ejército de sistemas armamentísticos hasta ahora reservados a las grandes potencias militares.No se trata de ciencia ficción. Los tres pilares tecnológicos que recoge la estrategia —láseres de alta potencia, armas de radiofrecuencia y cañones electromagnéticos— llevan años probándose en escenarios reales de combate por parte de Estados Unidos, Israel, China y Reino Unido. Lo novedoso es que España se suma a esa carrera con un plan estructurado y respaldado por partidas presupuestarias específicas destinadas a la industria y los centros de investigación nacionales.La guerra en Ucrania y los conflictos en Oriente Medio han demostrado que los drones baratos pueden saturar defensas antiaéreas convencionales cuyo coste por disparo se cuenta en millones de euros. Frente a ese desequilibrio, las armas de energía dirigida ofrecen una respuesta que combina precisión, velocidad de reacción y un coste marginal por disparo casi insignificante. Esa lógica económica, tanto como la ventaja táctica, explica la urgencia del plan español.Haces de luz contra enjambres aéreosLas armas láser de alta potencia, conocidas por sus siglas en inglés LDEW (Laser Directed Energy Weapons), constituyen el primer eje de la ETID 2026. Según publica Defensa.com, estos sistemas están diseñados para proporcionar capacidades de autodefensa y respuesta inmediata frente a amenazas aéreas, incluidos drones autónomos, enjambres y misiles. Su principal ventaja operativa reside en el bajísimo coste por disparo —centavos frente a los cientos de miles de euros que cuesta un misil interceptor— y en una huella logística mínima, al no depender de munición física que haya que transportar y almacenar.Varios aliados de la OTAN ya han dado pasos concretos en esta dirección. Israel desarrolla el Iron Beam, un sistema capaz de neutralizar cohetes a corta distancia; Reino Unido prueba el DragonFire en buques de la Royal Navy; y Estados Unidos ha desplegado láseres antidrones en el golfo Pérsico. España, que ya invirtió 10,8 millones de euros en un demostrador de arma láser instrumental a través de la DGAM, pretende ahora escalar esa línea de trabajo hasta obtener un sistema operativo integrable en plataformas terrestres y navales.Los problemas técnicos, no obstante, siguen siendo considerables. La potencia del haz se degrada con la lluvia, la niebla y el polvo en suspensión. Mantener la eficacia en condiciones atmosféricas adversas exige avances en óptica adaptativa y en gestión térmica del propio emisor, dos campos en los que los centros de investigación españoles tendrán que demostrar competitividad frente a una industria internacional que lleva décadas de ventaja.Pulsos invisibles y proyectiles a Mach 7El segundo eje de la estrategia abarca las armas de energía dirigida de radiofrecuencia. A diferencia de los láseres, estos sistemas no destruyen físicamente el objetivo: generan pulsos electromagnéticos de alta potencia capaces de freír los circuitos electrónicos de un dron o inutilizar temporalmente los sensores de un misil. Su utilidad resulta especialmente relevante contra enjambres de drones, donde un solo pulso puede afectar a múltiples aparatos sin necesidad de apuntar uno por uno.El tercer pilar —y el que la propia ETID reconoce como la mayor novedad para España— son los cañones electromagnéticos cinéticos, los llamados railguns. Estas armas utilizan energía eléctrica pura para acelerar proyectiles a velocidades hipersónicas, superiores a Mach 5, destruyendo el blanco por la enorme energía cinética del impacto. El documento subraya la necesidad de diseñar sistemas ligeros, compactos y con bajos requisitos energéticos —lo que en jerga militar se resume en el acrónimo SWAP— para que puedan integrarse en plataformas terrestres, navales o aéreas.Japón ya ha probado con éxito un prototipo naval capaz de disparar proyectiles a más de 7.000 km/h. Estados Unidos, tras aparcar su programa de la Marina, lo ha recuperado a través del Ejército de Tierra. China, por su parte, asegura haber alcanzado cadencias de fuego de miles de disparos por minuto con su propio diseño. España llega tarde a esa competición, pero la ETID identifica líneas de trabajo concretas: nuevos materiales que reduzcan el desgaste del cañón provocado por la fricción electromagnética, proyectiles con efectos graduables según el tipo de objetivo y sistemas de gestión energética que permitan cadencias de fuego sostenidas.Industria nacional y financiación a largo plazoLa estrategia no se limita a enumerar tecnologías deseables. Prevé dotaciones presupuestarias específicas destinadas a empresas e instituciones académicas españolas. El objetivo declarado es reforzar la base industrial y tecnológica de la defensa nacional, un concepto que en los últimos años ha ganado peso dentro de la OTAN ante la constatación de que depender de proveedores externos en armamento crítico supone una vulnerabilidad estratégica.El contexto presupuestario acompaña, al menos en las cifras generales. España alcanzó en 2025 el compromiso del 2 % del PIB en gasto de defensa exigido por la Alianza Atlántica y prevé mantener ese nivel en 2026. Parte de ese dinero alimentará los programas especiales de modernización ya en marcha —fragatas F-110, el caza europeo FCAS, los blindados Dragón—, pero la ETID abre una vía adicional para tecnologías que, de madurar, podrían ofrecer a las Fuerzas Armadas capacidades defensivas contra amenazas que hoy apenas tienen respuesta asequible, como los misiles hipersónicos o los ataques masivos con aeronaves autónomas en entornos de antiacceso y denegación de área (A2/AD).Queda por ver si la ambición del documento se traduce en programas financiados con continuidad o se queda en una declaración de intenciones más. La historia reciente de la defensa española ofrece ejemplos de ambas trayectorias.