«¡¿Qué me estás contando?!». Así de sorprendido se quedó Carlos Sobera al conocer las intenciones de Lucía (67) con su cita. Y es que la soltera llegó a 'First Dates' con una intención en mente: acabar la velada con un beso de película. Desafortunadamente para ella, Agustín no estuvo por la labor. La pensionista de Tarragona se presentaba en el restaurante como una mujer muy simpática, y tan dicharachera que habla hasta con las paredes. En el amor, contó que enviudó de su segundo marido hace ochos años. Vuelva a estar dispuesta a rehacer su vida si encuentra a otra pareja afín a ella que busque una convivencia. Y por qué no, «me gustaría encontrar una persona que me ayudase económicamente, porque de viuda se cobra muy poco», explicó, sin filtros. La misma naturalidad con la que le comentó a Sobera que si le gustaba a su cita, deseaba finalizar la noche en el reservado dándole un beso de tornillo. Como Lucía (67), Agustín también deseaba salir en 'First Dates' con el amor de su vida para reír, llorar, viajar, salir y todo lo demás que implica la convivencia. La soltera se hizo ilusiones al verlo entrar en el local con un precioso ramo de flores, pero él sentenció inmediatamente la cita con su primera impresión. «Está un pelín gorda para mi. Quiero una persona más ágil, que ande una hora y media diaria… Y ella tiene dificultades para subir las escaleras. Esa obesidad hace que no pueda seguir mi ritmo», indicó el tornero jubilado barcelonés en privado. Lucía no estaba dispuesta a perder el tiempo en preámbulos. En cuanto se acomodaron en la mesa ya dejó claras sus intenciones de concederle una segunda cita a Agustín, pues le encajaba físicamente y en carácter. También quiso averiguar si a él le había pasado lo mismo preguntándole directamente si ella gustaba. Él quedó totalmente descolocado, metido en la encrucijada de contestar con sinceridad sin herir los sentimientos de la mujer. «Bueno, a ver… Más que eso interesa saber la afinidad, las aficiones, lo que te gusta. Porque al final, con la edad que tenemos tampoco podemos pedir un pibón», argumentó. Sin embargo, la ambigüedad de Agustín le sirvió a Lucía para atar cabos y por eso le hizo la pregunta definitiva. «¿Tú quieres otra cita?», soltó la pensionista a bocajarro. Y de nuevo, él se fue por la tangente. «Ya veremos, es un compendio de cosas. Tenemos que valorar todo», insistió él, aunque internamente ya había hecho el cómputo y le pesaba más lo negativo que lo positivo. Lucía seguía encantada con Agustín, pero se le fueron complicando las expectativas de la noche. Insistió, dispuesta a saber por dónde saldría su cita en la decisión final. De tanto hacerlo logró sonsacarle al soltero que no se veía con ella. «No hay feeling, cachis. Me he quedado sin beso de tornillo porque a la pareja no le ha interesado», contó resignada al equipo del programa. Justo después apareció una de las gemelas Zapata en la mesa para trasladar a la pareja al reservado. «Le iba a dar un beso de tornillo, pero dice que no le gustó», le explicó a la camarera con la misma espontaneidad que la caracterizaba. Y si no le había encajado, ¿qué más iba a hacer? «Yo no voy detrás de los hombres», sentenció, dejando claro que no pensaba perder más el tiempo. «A mi no me apetece», se pronunció Agustín. Por lo tanto, la velada acababa en ese momento de manera abrupta. Al menos Lucía se tomó las calabazas de Agustín con filosofía y humor. «Si no voy a dar un beso de tornillo, ya se lo dará a mi gato».