Más de mil unidades operativas repartidas por una docena de países aliados. Cientos de miles de horas de vuelo acumuladas en escenarios reales y simulacros de alta exigencia. El F-35A Lightning II de Lockheed Martin es, a día de hoy, el caza de quinta generación con mayor presencia en las fuerzas aéreas occidentales, pero ni siquiera la aeronave más avanzada del arsenal estadounidense está libre de accidentes.Un ejemplar asignado al 6.º Escuadrón de Armas de la 57.ª Ala —con base en Nellis, al norte de Las Vegas— experimentó el 31 de marzo de 2026 lo que las autoridades militares describen como problemas de maniobrabilidad durante una misión rutinaria. El aparato se precipitó contra el suelo en una zona del Campo de Pruebas y Entrenamiento de Nevada (NTTR), un área restringida alejada de cualquier núcleo urbano. No hubo víctimas en tierra.La cifra total de F-35 destruidos asciende ya a doce aeronaves contando las tres variantes (A, B y C). Cada unidad tiene un coste que oscila entre los 80 y los 100 millones de dólares en función de la versión y el lote de producción, lo que convierte cada pérdida en un golpe considerable para las arcas del Pentágono.Rescate con helicóptero sobre el desiertoEl aviador al mando accionó el asiento eyectable Martin-Baker US16E, un sistema capaz de expulsar al tripulante de la cabina en fracciones de segundo incluso a velocidades supersónicas. La eyección fue limpia y el paracaídas se desplegó sin incidentes sobre la zona desértica del NTTR.Desde Nellis despegó un helicóptero Sikorsky HH-60W Jolly Green II, la aeronave de búsqueda y rescate de combate más moderna del inventario estadounidense. El equipo localizó al aviador con rapidez y lo trasladó a un centro médico, donde fue atendido de lesiones leves. La identidad del militar no ha sido revelada, en línea con los protocolos habituales de la Fuerza Aérea.Que el tripulante haya sobrevivido no es excepcional dentro del historial del aparato. De los doce F-35 perdidos, solo uno provocó una víctima mortal: un ejemplar de la Fuerza Aérea de Autodefensa de Japón que cayó al Océano Pacífico en 2019. En los demás casos, los pilotos lograron salvar la vida gracias a los sistemas de escape y a una formación específica para situaciones de emergencia a alta velocidad.Esa cifra de supervivencia contrasta con el volumen de actividad de la flota. Los F-35 participan en misiones de patrulla, interceptación, ejercicios multinacionales como los Red Flag —que se celebran en la propia base de Nellis— y, cada vez más, en vuelos coordinados con aeronaves no tripuladas de nueva generación. El ritmo operativo no deja de crecer a medida que más países incorporan el aparato a sus flotas.La cuenta del programa más caro de la historiaSegún publica el portal especializado Defensa.com, el accidente de Nevada es el más reciente de una serie que ha destruido material por valor de centenares de millones a lo largo de la vida del programa. La cifra global del proyecto —desarrollo, producción y mantenimiento durante toda su vida útil— supera el billón de dólares, una cantidad sin precedentes en la historia de la industria de defensa.El 6.º Escuadrón de Armas no es un escuadrón operativo convencional. La unidad a la que pertenecía la aeronave siniestrada tiene como misión desarrollar tácticas avanzadas y validar doctrina en escenarios de máxima complejidad, lo que incluye pruebas al límite de las capacidades del aparato y coordinación con nuevos drones autónomos pensados para operar junto a cazas tripulados. Que un incidente ocurra en ese contexto no sorprende a los analistas de defensa, aunque sí reaviva el debate sobre el coste real de mantener la superioridad aérea.El siniestro se produce apenas un mes después de que dos F-15 estadounidenses se estrellaran en Kuwait, otro recordatorio de lo frágil que puede resultar cualquier aeronave militar pese a su sofisticación. La diferencia reside en el precio: mientras que un F-15E Strike Eagle ronda los 90 millones de dólares, las versiones más recientes del Lightning II superan con holgura la barrera de los 100 millones al incorporar la actualización Technology Refresh 3.Con más de mil ejemplares entregados y nuevas líneas de producción comprometidas para los próximos años, el programa sigue adelante sin visos de frenarse. La tasa de pérdidas del F-35 sigue siendo la más baja de cualquier caza en servicio activo si se pondera con el tamaño de la flota y las horas voladas, un dato que el Pentágono esgrime cada vez que se le pregunta por la rentabilidad de su apuesta más ambiciosa.