El sevillano es un ser afortunado. Vive enamorado de la luz y del aire que respira, capta con una sensibilidad única la belleza efímera que ofrece un sonido o una sombra, como la silueta del Cachorro eterno sobre el incienso proyectada por el sol del poniente de Alfonso XII hasta el palquillo de la Campana; como la del envés oriental de sol que nace en la cara gitana de las Angustias. Desde la más profunda nostalgia se emociona por lo vivido y anhela lo que está por venir en ese ciclo vital de nuestra liturgia. Es tanta la riqueza sensorial que envuelve a esta ciudad que, en la cotidianidad del trato con los símbolos, pasa bajo la Giralda y no... Ver Más