En verano de 2014, Viktor Orbán estaba exultante. Tanto que, en un campamento de verano, delineó su plan para transformar Hungría. "La nación húngara no es una suma de individuos, sino una comunidad que necesita ser organizada, reforzada y desarrollada. Y, en este sentido, el nuevo Estado que estamos construyendo es un Estado iliberal, no liberal". Sin saberlo entonces, su promesa se convertiría en un vaticinio sobre la deriva autoritaria de medio mundo.Seguir leyendo....