Crónica de un derrame negado

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El derrame de hidrocarburos en el Golfo de México, cuyo origen aún se desconoce, no sólo expuso una mancha oscura sobre el mar: dejó al descubierto una cadena de evasivas, minimizaciones y tardanzas que retratan con precisión el estilo de gobierno que hoy enfrenta México. Primero fue la negación. Después, la mentira. Al final, la admisión forzada. Entre esos tres momentos se fue diluyendo la credibilidad institucional, mientras el petróleo —ese que no existía, luego eran “manchitas”, después “gotitas”— seguía avanzando sobre las costas, contaminando el agua y afectando la economía pesquera de Veracruz.La negación como política públicaLa gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, reaccionó como lo hacen los gobiernos que confunden control con silencio: negó lo evidente. No había derrame, dijo. Y cuando la evidencia visual, científica y social la alcanzó, la narrativa mutó a una trivialización que ofende la inteligencia colectiva: “manchitas”, “gotitas”. El problema no es semántico; es estructural. Minimizar un desastre ambiental no lo hace desaparecer, pero sí retrasa su atención y amplifica sus consecuencias.La actitud no es nueva. La intolerancia a la crítica y la falta de empatía han sido rasgos constantes en su administración. En lugar de abrir canales de información y coordinación con pescadores, comunidades y expertos, se optó por descalificar, diluir y resistir. El resultado: desconfianza social y un daño ambiental que avanzó sin contención oportuna.El viraje obligadoComo suele ocurrir, la realidad terminó por imponerse. La gobernadora Nahle tuvo que reconocer lo que ya era imposible ocultar: sí hubo un derrame de hidrocarburos. Pero incluso en la admisión apareció la estrategia de deslinde. El origen, dijo, sería un barco particular. Y la atención del problema, de facto, se trasladó al ámbito federal.La respuesta federal: tarde y lentaDesde el gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, la reacción tampoco fue ejemplar. Llegó tarde y avanzó con lentitud. Se insistió en que el derrame no provenía de Pemex y que probablemente estaba vinculado a un buque particular. También se descartó la posibilidad de una fuga del yacimiento de Cantarell.Dos Bocas: la otra llamaComo si el desastre ecológico en el Golfo no fuera suficiente, la refinería de Dos Bocas vuelve al centro del cuestionamiento. Dos incendios recientes, uno de ellos con saldo de cinco personas fallecidas, reavivan las dudas sobre la seguridad operativa de una obra que ya carga con costos triplicados y producción limitada.Reportes periodísticos difundidos el fin de semana revelan fallas operativas y de vigilancia que habrían contribuido al más reciente incendio en Dos Bocas, entre ellas, una posible fuga de combustible y errores en el almacenamiento de coque, un derivado sólido de la refinación de petróleo crudo.El saldo: petróleo, silencio y responsabilidadEl derrame en el Golfo deja una lección incómoda: los desastres no sólo se miden en barriles, sino en decisiones. Decisiones de negar, de minimizar, de tardar. Decisiones de proteger la imagen antes que el entorno. Mientras las autoridades afinan explicaciones, los pescadores afinan pérdidas y el ecosistema acumula daños.Al final, la mancha no es sólo en el mar. Es en la forma de gobernar. Y esa no se evapora: se queda, se expande y termina por contaminarlo todo.The post Crónica de un derrame negado first appeared on Ovaciones.