Cada año producimos más de cuatrocientos millones de toneladas de plástico en todo el mundo. No solo es una auténtica locura, sino que lo peor de todo es que apenas logramos reciclar un 18 %. El resto acaba quemado, enterrado en vertederos o, peor aún, asfixiando nuestros ecosistemas naturales. Para intentar frenar este desastre, un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge se ha sacado de la manga un reactor que funciona con energía solar. Su objetivo es coger esos plásticos que casi nadie quiere reciclar y transformarlos en combustible de hidrógeno limpio y en muchos productos químicos muy útiles. Y lo mejor de todo es que, al usar solo la luz del sol, es una alternativa mucho más barata y verde que los métodos de reciclaje de toda la vida.Podríamos decir que este sistema que han creado logra matar dos pájaros de un tiro. Es un ejemplo perfecto de economía circular: usar basura para procesar más basura. ¿Cómo lo hacen? Echando mano del ácido de las viejas baterías de coche. Normalmente, cuando estas baterías se tiran, se les extrae el plomo y el ácido sobrante se neutraliza para poder desecharlo, lo que genera aún más residuos. No obstante, los investigadores han decidido usar este líquido tóxico como ingrediente clave para deshacer el plástico. Con esto, no solo reducimos la contaminación por polímeros, sino que le damos un segundo uso a ciertos desechos peligrosos.El poder del fororreformado ácido al descubiertoImagen del pequeño reactor que funciona con energía solar que han creado unos investigadores de la Universidad de CambridgeLos investigadores han llamado a este proceso "fotorreformado ácido impulsado por energía solar". En la práctica, funciona gracias a un fotocatalizador creado específicamente para aguantar ambientes muy corrosivos. El primer paso es bañar los plásticos de desecho en ese ácido de batería recuperado. Esto rompe las estructuras del plástico y las convierte en piezas químicas más pequeñas, como el etilenglicol. Después, entra en juego la luz del sol. Al iluminar la mezcla, el fotocatalizador hace su trabajo y transforma esos restos de combustible en hidrógeno y ácido acético. Hasta ahora, las pruebas en el laboratorio no han podido ser más prometedoras. El reactor ha demostrado ser muy eficiente: genera mucho hidrógeno y logra aislar el ácido acético de forma precisa. Incluso lo han tenido funcionando sin parar durante más de 260 horas sin que bajara su rendimiento. Otra gran noticia es que puede lidiar con plásticos que suelen ser un dolor de cabeza en las plantas de reciclaje, como el nailon o el poliuretano. Además, como el ácido reciclado acelera la producción de hidrógeno, todo el proceso acaba siendo mucho más barato que otras alternativas. Ahora bien, no todo es perfecto y todavía quedan retos por delante. La parte química funciona estupendamente, pero llevar esto a gran escala es un desafío importante; construir reactores de gran tamaño que aguanten tanto ácido a largo plazo no será fácil. Aun así, este invento se perfila desde ya como un complemento ideal para rescatar toda esa basura mezclada o sucia que el reciclaje tradicional rechaza directamente. Según Erwin Reisner, el investigador de Cambridge que lidera el proyecto, no pretenden haber encontrado la solución definitiva a la crisis global de los plásticos. Pero, sin duda, han demostrado que incluso la basura más molesta puede convertirse en un recurso valioso si le aplicamos un poco de ingenio, luz solar y el ácido de una vieja batería. .image img { width: 100% !important; height: auto !important; }