Un gesto tan inocente como meter el dedo en la nariz puede acarrear consecuencias inesperadas y negativas. No hablamos de la reprimenda de una madre o un comentario que afea esa actitud en público por parte de la pareja, sino de algo cuya implicación médica puede ser más seria. Y es que un estudio sugiere, de forma hipotética, que hábitos tan cotidianos como hurgar con el dedo en la nariz o dañar el epitelio nasal podrían tener una relación con procesos similares a los observados en la enfermedad de Alzheimer, aunque todavía no hay pruebas directas en humanos. La investigación en cuestión se ha centrado en ratones y los indicios están ahí a la espera de un estudio con personas que confirmen o descarten la relación.Lesiones nasales como vía de acceso para patógenos hacia el sistema nerviosoEntre las enfermedades neurodegenerativas, el alzhéimer centra buena parte de los estudios dirigidos tanto a conocer su origen como la posibilidad de revertir su avance, con investigaciones como la realizada por el Instituto de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), en Suiza, donde lograron reprogramar partes de un cerebro afectado por dicha dolencia. La investigación que nos ocupa hoy ha sido publicada por el medio especializado Scientific Reports, aunque su origen se remonta al año 2022. En ella, el equipo responsable, con el neurocientífico James St John, de la Universidad Griffith en Australia, a la cabeza, llevó a cabo una serie de pruebas con ratones que permiten hacer una relación entre una bacteria, la Chlamydia pneumoniae, y la presencia de una proteína característica de las placas asociadas con la enfermedad de Alzheimer. Se trata de una visión preliminar y sin evaluar en humanos, puesto que el estudio se ha llevado a cabo con ratones como sujetos del mismo. En las pruebas, se les inoculó la bacteria Chlamydia pneumoniae, conocida por causar neumonía en humanos y por haber sido encontrada en cerebros de personas con demencia de inicio tardío. La bacteria fue capaz de llegar desde la cavidad nasal de los ratones hasta el cerebro a través del nervio olfativo, especialmente cuando el tejido de la nariz estaba dañado. Una acción cotidiana que produce daños invisiblesUn daño que, en el caso de los humanos, se puede producir al hurgar en la nariz o al arrancar los pelos que se encuentran en la fosa nasal y cuyo valor como barrera protectora recobra protagonismo a la luz de las pruebas de este estudio. El epitelio respiratorio y el olfativo tienen su misión y en ocasiones es desconocida. El primero como mucosa encargada de calentar, humedecer y limpiar el aire y la segunda como agente sensorial para detectar olores. Lo que ambas comparten es esa función protectora que impide la llegada de determinados patógenos al organismo. Una limpieza corriente y normal de las fosas nasales no causa daños, pero gestos bruscos, incursiones dactilares profundas o el mero hecho de arrancar vello nasal pueden afectar al epitelio y facilitar que bacterias y otros patógenos entren en el sistema nervioso central, tal como se ha visto en los ratones objeto de estudio. Con las bacterias de Chlamydia pneumoniae en el sistema nervioso de los roedores, los investigadores detectaron que estos empezaron a depositar más proteína beta-amiloide, un componente característico de las placas asociadas con el alzheimer. En el contexto de esta enfermedad, esas placas son un sello distintivo, aunque no está claro si son causa o síntoma de la neurodegeneración. Lo que sí tiene claro James St John, es que es la primera vez que se observa este tipo de invasión bacteriana directa desde la nariz al cerebro en un modelo animal, y que los hallazgos plantean una posible ruta de entrada para agentes infecciosos que podrían influir en procesos neurodegenerativos. A la espera del ensayo con humanosCon esos resultados, St John apuntó a la necesidad de llevar a cabo pruebas en humanos para saber si el comportamiento bacteriano era el mismo: “Necesitamos realizar este estudio en humanos y confirmar si la misma vía funciona de la misma manera". El hecho de que la prueba haya arrojado ese resultado en roedores no debe ser motivo de alarma para los humanos. En este momento, es labor de los investigadores completar su estudio con humanos y obtener las conclusiones pertinentes. La relación entre hurgarse la nariz y la enfermedad de Alzheimer no es de causa y efecto, pero esas incursiones en las fosas nasales aportan poco o ningún beneficio como para repetir un gesto que, a la vista del estudio y al menos en roedores, puede suponer una vía de acceso más para los patógenos hacia nuestro sistema nervioso central que debe ser, confirmada o descartada, en humanos.