En el pabellón que lleva su nombre, Carolina Marín pisó por última vez una pista de bádminton. No como ella quería, pero se la homenajea en su ciudad como lo que es, una estrella mayúscula que comienza ahora su vida como leyenda. Y lo hace con un «Gracias, de corazón», que ilumina el pabellón y el mundo del bádminton. Deja este deporte en un lugar infinitamente más alto que donde lo encontró, una modalidad desconocida para casi todos los españoles, recluida en las clases de Educación Física de los institutos. De uno de ellos lo rescató la onubense, de aquel pabellón Diego Lobato origen de un viaje fantástico que llegaría después y que hoy acaba, en otro pabellón de nombre Carolina Marín. Es lo que ha conseguido la jugadora, campeona olímpica en Río 2016, tres veces campeona del mundo, siete veces campeona de Europa, que sus éxitos se hayan traducido en traer dos veces un campeonato continental a estas tierras, que haya rivales daneses y franceses que digan a este periódico que todavía no saben cómo pudo lograr todo lo que logró, que no solo eran las medallas. Porque todavía es difícil explicar en palabras que Carolina Marín doblegara a todo un imperio, el asiático, en un deporte que contaba con 7.000 licencias en España y más de cien millones solo en China. Por eso cualquier reconocimiento queda escaso a la sombra de todo su legado, lo que hoy empieza tras este acto emotivo en el que la jugadora agradeció el apoyo de su ciudad, de las organizaciones que estuvieron a su lado, de su equipo, de su familia, y de todas las niñas y niños que hoy practican bádminton gracias a ella, por ella, para tratar de alcanzar sus éxitos y soñar con más, como hacía Marín. En toda esta semana de Europeo, la jugadora ha extendido su legado en diferentes actos, con clases a las nuevas generaciones, y con el proyecto 'El primer golpe', junto a su marca Yonex y en colaboración con su colegio, Diocesano Sagrado Corazón de Jesús. Una iniciativa para ofrecer a los niños su primer contacto con este deporte en un entorno abierto y estructurado y que ya abrieron en su momento otras estrellas como Lin Dan, Lee Chong Wei, Peter Gade y Taufik Hidayat. Pero el domingo le tocó a ella recibir el aplauso comprimido en 45 minutos de lo que el mundo del bádminton le debía. Para empezar, hizo su entrada mientras se proyectaban en la pantalla las mejores imágenes de su carrera, y salió a la pista de bádminton por última vez, donde quería despedirse ella, atravesando un pasillo de honor compuesto por una veintena de futuros campeones de bádminton. En el centro de la pista, la ovación, en la que también se incluyeron los aplausos de Juanma Moreno, presidente de la Comunidad, Pilar Miranda, alcaldesa de Huelva, José Manuel Rodríguez Uribes, presidente del CSD, David Toscano, presidente de la Diputación de Huelva, Andoni Azurmendi, presidente de la Federación Española de bádminton, Sven Serre, presidente de la Federación Europea, Juan Carlos Longo, presidente de la Federación andaluza, Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español. «Gracias por este recibimiento, es un día muy importante. Lo que una siente es gratitud. No sé cuántas veces habré dado ya las gracias a todo el mundo que me ha recibido con los brazos abiertos. Está siendo una semana inolvidable», iniciaba su discurso la leyenda antes de emocionarse con los mensajes que le han dejado todas y todos sus rivales y ya compañeros del deporte. «Eres un ejemplo de resiliencia, eres un referente indiscutible. Una inspiración para las nuevas generaciones y una grandísima embajadora del deporte», le dedicó Pau Gasol. «Es imposible resumir todo lo que significas. gracias de corazón por lo que has hecho como deportista. Me quedo con el legado que dejas como ser humano», le señaló Saúl Craviotto. «Solo puedo darte un enorme 'gracias' por todo lo que has hecho y lo que nos has dado a todos los que legado a los demás», subrayó la india Pusarla Sindhu, que fue su rival durante tantos años. «Has ganado mucho más que las medallas. Eres un diez en todo», le abrazó María Pérez. Con media voz y ojos ya humedecidos, Marín apeló a lo que ha sido siempre, una currante de este deporte que ha llevado con orgullo la filosofía de levantarse de cada caída para brillar aún más. Y así lo dejó de palabra en su discurso: «A lo único en qué me he dedicado en la vida es a trabajar. No hay otro secreto. Cuando se marchó de Huelva con 14 años para soñar a lo grande. Esta mujer de 32 años ha conseguido aquellos esos sueños y mucho más», respondió a todos esos mensajes de agradecimiento. Que se multiplicaron con una retahíla de comentarios de vecinos de la jugadora que solo han podido agradecerle ser la mejor embajadora de Huelva que ha podido tener la ciudad. «Un orgullo que seas de aquí», «Te echaremos mucho de menos». Como colofón, se desplegó una camiseta con el nombre de la jugadora que se elevó hasta el techo del pabellón para que recordara: «hasta donde ha hecho volar». Con lágrimas en los ojos, Marín miró hacia el futuro: «Sé que es la última vez que voy a estar en una pista de bádminton. Me hubiera gustado estar aquí con una raqueta en la mano y jugando este campeonato de Europa. Pero estoy muy tranquila porque es la mejor decisión que he podido tomar en mi vida. Porque a veces es más importante pensar en la salud que seguir pensado en que podía con todo. Yo lo he pensado muchas veces, pero mis rodillas me han frenado». Y para finalizar, la esencia de lo que también ha sido ella: una campeona que salió de un instituto de Huelva: «Gracias a mi equipo; las gracias que puedo daros se quedan cortas, porque cada uno de ellos saben lo que hemos sufrido y lo que nos hemos esforzado para lograr cada uno de los hitos. Sin ellos solo sería una niña que juega bien al bádminton, pero con todos ellos hemos sido leyendas». Y, para el final, los de más cerca: «A todos mis amigos por no dejarme sola en los momentos más complicados, por entender los días en los que no podía ir, por perderme muchas fiestas importantes, por aceptar mi vida y cada una de mis decisiones. Por último, a mi familia: sin ellos sería imposible llegar hasta donde lo hice, hasta la cumbre. Y necesito mencionar a dos personas sin ellas no estaría aquí: mamá y papá, gracias por haberme dado la oportunidad en el momento y el año exacto, por respetar mis decisiones, sobre todo cuando con 8 años que quería ir a jugar al bádminton, por seguir apoyándome por no dejarme sola. Mamá, me diste la mano en el quirófano por primera vez y por cuarta vez. Papá, allá donde estas te sentirás muy orgulloso de mí. Soy la mujer que soy gracias al bádminton. Lo he dado todo física y mentalmente. Me ha hecho ser la mujer que soy, me ha hecho ser muy feliz. Me despido del bádminton, de mi vida y mi pasión. Gracias, de corazón».