Créditos: En la elaboración de este artículo han participado Antonio «Superboy Prime» Valdepeñas y Román «Acero» de Muelas, Edición original:Superman Unlimited 7, Superman 32 y Action Comics 1092 (DC Comics,2025)Edición nacional/España:ALL IN SUPERMAN V1 13 (Panini Comics, 2025)Guion: Dan Slott, Joshua Williamson, Mark Waid.Dibujo:Rafael Albuquerque, Dan Mora, Skylar Patridge.Color: Marcelo Mariolo, Alejandro Sánchez, Iván Plascencia.Traductor: Gonzalo QuesadaCorrección: Enrique Acebes y Marcos MuñozDiseño y realización: Fanhunter, Núria Moreso, David Carro y Carlota Llobet.Formato: Rústica, color. 80 páginas. 9,00€Aviso de Spoilers: El artículo que sigue a continuación trata información importante de la trama. Se relatan algunos hechos que pueden ser como kryptonita para tu capacidad de disfrutar del tebeo.Superman Unlimited #7Jon Kent —Superhijo, Superboy y Superman— ha tenido una vida editorial corta, pero especialmente intensa. Desde su creación en Lois y Clark: La llegada, pasando por Convergencia y otras historias a futuro por los Aniversarios pertinentes, se ha convertido en un auténtico golpe sobre la mesa en lo que respecta al concepto de legado dentro del cómic superheroico.Personajes que evolucionan, crecen, forman familias y adquieren un mayor grado de realismo.Ese crecimiento es lo que ha generado rechazo en parte del fandom, donde aún persiste una visión anclada en el pasado, ya sabéis, el superhéroe incapaz de avanzar, representando una infancia/adolescencia e idealización eterna de que antes era todo mejor. A esto se suma, en algunos casos, un trasfondo de LGTBfobia por la bisexualidad del personaje.A lo largo de su corta trayectoria, Jon ha pasado de ser un niño a convertirse en el Superman de su generación. Bajo la escritura de Tom Taylor, sus historias han abordado problemáticas modernas que trascienden lo individual y el egoísmo propio para centrarse en el entorno que nos rodea, incorporando también una relación sentimental que ha sido juzgada —por ser suave— de forma distinta por tratarse de dos hombres, en contraste con la relación clásica entre Clark Kent y Lois Lane o, lo que es lo mismo, porque no sigue los rancios cánones de la vieja y en ocasiones forzada sexualidad heterosexual.Posteriormente, Dan Slott toma las riendas del personaje en un momento de crisis personal. Como muchos jóvenes adultos de la generación nacida entre 1993 y 2000, Jon aparece desorientado, sin una motivación clara para ejercer como héroe mientras su padre sigue presente. A ello se suman la presión del legado, la pérdida de su pareja, un trauma aún reciente —visto en la miniserie de los seis secretos—. A partir de estos elementos, el guionista construye una nueva etapa del personaje centrada en su reconstrucción.Este enfoque también funciona como una crítica —nada sutil, la verdad— al fenómeno de los nepobabies: hijos de figuras influyentes que parten con ventajas evidentes en la vida. Sin embargo, la obra deja claro que esas facilidades no eliminan la presión ni la ansiedad inherentes a tener que estar a la altura cuando tus referentes son el mayor superhéroe del mundo y una de las mejores periodistas existentes.Narrativamente, Slott, que sabe cómo funciona estructuralmente el medio, crea conflictos en Smallville y personajes como John Henry Irons —Acero— y Lana Lang —Superwoman— para dar continuidad a la historia, aunque su objetivo principal es redefinir a Jon y ofrecerle una nueva dirección vital mientras lidia con su culpa, sus traumas, sus propias inseguridades y saber que en ocasiones es un extraño para sus propios padres utilizando el leguaje del comic como lo conocemos.Es destacable que autores ya entrados en años, como el propio Slott —o Mark Waid en Action Comics—, apuesten por escribir a personajes jóvenes desde una perspectiva emocional. Frente al clásico del héroe fuerte en todos sus ámbitos psicológicos, aquí se reivindican la vulnerabilidad, la angustia y la expresión de los sentimientos como elementos fundamentales. Llorar, afrontar rupturas o mostrarse sensible no es una debilidad, sino una necesidad humana.En este aspecto, Jon Kent se consolida una vez más como un reflejo generacional.Un héroe que, sigue buscando su lugar mientras es obligado a ser algo que no quiere, de momento.Superman #32El número de la serie regular que hoy nos ha reunido aquí entronca directamente con el evento DC KO. La portada original no da lugar a dudasPero se trata de Superman, todos diréis (o algunos).La verdad es que sí y no. 24 páginas son muy pocas para contener todo el volcado de ideas de Joshua Williamson y más en medio de un evento. El guion de JW es perfecto para este tipo de situaciones, mutable, adaptable, lleno, repleto de detalles de las tramas y los personajes. Es la argamasa que todo lo une.Sin embargo, Superman apenas sale. Hay que explicar demasiadas cosas, demasiados detalles, encajes y matices para mantener bien engrasado el evento. Eso sí, tenemos a Lois, Luthor, Prime y un amago/susto con la pseudo visita-engaño de un viejo y malvado conocido de metal con piel de kryptoniano.Es Superman porque su parte tiene cierto protagonismo, por los secundarios y los escenarios. Tiene relevancia su parte del evento. Pero es el típico número que alimenta las vías secundarias del eventoY en este grapitomo da un poco el cante. Difícil decisión una vez Panini renuncia a la grapa individual. Quien quiera todo Superman, bien… quien quiera el evento, tendrá que pasar el clásico collage de colecciones… pero en este caso se lleva dos extras para casa.Una vez renuncias a la grapa y vas desencajado con la continuidad, a raíz del desplome de ECC (aún hay ecos de eso más que evidentes), corres este riesgo. Tendremos lectores felices con la decisión y otros menos contentos. Nada nuevo.Como hemos dicho Williamson, aprovecha al máximo las 24 páginas para mostrarnos una decena de personajes significativos, múltiples cambios de escenario. Vamos de Terrific, a Lois, pasando por Lex, el Joker, Prime, Clark… etcétera. La habilidad del guionista es que no se hace aburrido si no que sus cortes ultra radicales dan ritmo al tebeo.Pero es una estación de paso. Una pausa de hidratación en los suburbios del crossover. Uno se siente mirando por la ventana del tren, pasando por una estación pequeña, de una localidad anónima. Pronto olvida lo que ha ocurrido. Trama efímera de consumo rápido. Es puro encaje. A medida que avance el evento pensaremos “¿esto dónde era?” A no ser que seamos entomólogos de libretita, que se memorizan el número de las grapas donde pasan las cosas (en algunas mentes hay como cierta fantasía de que el Juicio Final es un concurso televisivo de frikadas comiqueras). Por su parte, dibuja el carioca Eddy Barrows. Su trazo detallado y obsesivo, con sus tramas compulsivas, no evitan esta vez que veamos ciertos trucos de dibujante apresurados. Planos repetidos sin sentido narrativo expreso, pocos fondos, y cuando los hay ejecutados con truquis… inevitable (otra vez) porque las fechas de publicación del evento (este y todos) corresponden a una mentalidad que aúna la precisión de un relojero y el racionalismo de Brainiac.Barrows, perro viejo, mete unas páginas con viñetas inclinadas sin venir a cuento para generar dinamismo, trepidancia y modernidad. Solo hay que inclinar una poquito el papel (o mejor, el lienzo de la aplicación de dibujo digital), et voilà.Lo dicho, un número entretenido, repletísimo de elementos para entomólogos, alimenticio, complementario para el evento, hecho con oficio y veteranía y dibujado por un Barrows que cumple sobradamente, incluso cuando lo único que se le exige es cumplir a secas.Nada que objetar más allá de la decisión que si grapa, que si grapitomo.Action Comics #1092Un mes más aquí seguimos con Waid, contando las andanzas de este antiguo y moderno Superboy desde una óptica más actual a nuestros días, aunque lo que vemos es el pasado en una época indeterminada.Una vez finalizado todo lo del Capitán Cometa, las primeras historias de nuestro joven héroe y su primer enfrentamiento con los militares del general Lane, en esta entrega la estrella de la serie, Skylar, se toma un descanso y le sustituye el siempre confiable, y bastante cercano en tono y narrativa, Cian Tormey.Lo que puede parecer un cómic de relleno hasta que la serie titular vuelva, Waid, como perro viejo que es, utiliza esta aventura como epílogo a todo lo que hemos ido viendo hasta ahora: el viaje del héroe que acabamos de comentar.Superboy, ya más o menos asentado en su pueblo, salvando a gente en sus vuelos, explosiones o peligros del día a día que ocurren en las calles, establece la rutina del futuro Superman mientras crece como adolescente junto a sus amigos, buscando su lugar en el mundo y siendo consciente de lo que puede llegar a significar. A la vez, también vemos, de la mano de Waid, cómo van viviendo los padres de Clark todo esto, con momentos íntimos que nos ofrecen una faceta no muy explotada desde hace años entre Ma y Pa Kent.Evidentemente, no todo es idílico ni es el cómic de toda la vida en el que tenemos una historia que va de un punto A —el lugar de nuestro héroe— hasta un punto B —el villano o problema de turno—, con un final simple en el que se derrota al mal y todo vuelve a la normalidad sin que nada perturbe a los personajes, manteniéndolos en ese bucle añejo y algo rancio.Superboy es joven, no está desarrollado del todo y sigue siendo algo impulsivo; aunque, más que eso, sería mejor decir que es poco delicado. Se ve, por ejemplo, en cómo trata de salvar a una persona de tercera edad, que puede tener problemas cardíacos o ser susceptible a sobresaltos. Esto genera cierta fricción con la gente hacia Superboy por su forma de actuar, algo que se le suma la llegada del general Lane y el contraste dialéctico con el propio Superboy sobre los uniformes, la patria —América/Krypton— y unas ideas de paz similares, acaba provocando que esa misma gente se ponga del lado del joven héroe.En definitiva, un cómic correcto, con pequeños momentos que le permiten brillar, aunque en ocasiones recurra a situaciones ya vistas. Mientras estén bien escritas o aporten una pequeña vuelta de tuerca, siempre es positivo recuperar ciertos elementos, entre ellos la relación entre Ma y Pa Kent y el propio pueblo, así como lo que significa la progresiva aceptación de Superboy.