El impacto visual y emocional de la Feria es imposible de calibrar para un sevillano, acostumbrado al teatro de los farolillos y al elegante ritual de la alegría, pero se puede apreciar con nitidez en los ojos de los viajeros. La pupila de un extranjero es como la Casa de los Espejos. Ahí se proyectan todas las estilizaciones y deformaciones de una fiesta que ha evolucionado de manera natural hacia el jolgorio educado sabiendo ocultar sus defectos en la parte trasera de las casetas y exhibir todos sus dones en la fachada. La Feria consiste en vestir bien todo lo fugaz, en detener el tiempo en una idea acrónica y crear en esa burbuja una moda propia para el traje... Ver Más