Sábado de Feria: ¡Abajo sin martillo!

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El sábado de Feria de Sevilla es el día elegido por muchos, sevillanos y forasteros, como diría mi abuela, para poner el broche de oro a una semana de lunares y farolillos de las que no se olvidan, lo más parecido a la chicotá de un misterio que merece ser rematada como se sellan las buenas faenas: ¡Abajo sin martillo! Aquí no hay que esperar a los fuegos. Ni el cielo gris, ni el amago de llovizna, la secuela de lo que cayó la última noche, ni los tobillos hinchados, ni la cartera vacía, nada iba a frenar este día a los que piensan que una semana tampoco es tanto. Sarna con gusto no pica, pero (cuidado) mortifica. Eso sí, el reloj lleva una cadencia más lenta. No hay prisas por pedir, ni nervios por llegar, ni tensión por estar… Era tal la relajación que a uno se le viene a la cabeza Ana Botella y su famoso 'relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor', pero hacer la versión feriante es demasiado arriesgado. El sábado de Feria de Sevilla bien merece un esfuerzo , el penúltimo. Era pisar el albero y se podía observar que en los tercios habría división de opiniones: casetas llenas para almorzar y otras vacías, las mujeres hasta el último día sublimando la belleza del traje de gitana o quienes han cogido lo primero del armario, los que querían volver una última vez y quienes miraban el entorno por primera vez. Los que pertenecían a este grupo no eran mayoría pero lo parecían, quizás no pasaban desapercibidos. Desde las bermudas al grupo de chicas 'erasmus' todas calcadas en su 'dress code' y siguiendo a la guía con el abanico en alto. Lo de llevar botas cowboys en el albero fue un lapsus. O quizás era la versión americana de 'Sevillanas en Brooklyn'. El sábado de Feria de Sevilla los que no fallaron desde bien temprano fueron los amantes de los caballos y los carros. Pocos días se presumen más que los del real. Los farolillos en el cielo daban prueba de la lluvia de la pasada noche y el barro en el suelo también, aunque eran pocas las huellas de las precipitaciones. Para ello se habían afanado los trabajadores municipales que conforman el dispositivo. Las calles se presentaban para otro día más relucientes. El plan municipal funciona. Y es gracias al esfuerzo de los que trabajan mientras la mayoría disfrutamos. Junto a los reposteros y camareros son los que mantienen en pie este teatro del sueño de una semana. Este sábado, en el programa de recepciones del Ayuntamiento en la caseta municipal (que no pública, como preguntan tantos guiris), era el turno de los servicios municipales, el Cecop, etc. El alcalde Sanz no perdió la ocasión para volver a reiterar su agradecimiento. Hubo reconocimiento expreso para el voluntario de Protección Civil que salvó la vida de un bebé que se asfixiaba. El héroe de la Feria de Abril. Esa relajación que impera en el ritmo del sábado de Feria es la que permite que las horas del día (las de la noche son otro cantar y para quienes dan el cante) sean para los más pequeños . Hoy era fácil, pero sobre todo cómodo, cruzar el real con carritos. Hay que asegurar el futuro. Como quienes apuntalan el devenir de la tauromaquia aprovechando el albero de los Remedios para soñar con ser Morante. Este sábado ganaban los niños y quienes viven de los caprichos de los niños. ¡Vaya precios! Ni el barril de crudo. «¿A dónde vas?». «¿A dónde voy a ir? A la Feria». Disipa todas las dudas la respuesta de una amiga. Y más contundente es la siguiente. «Yo me visto». Todos alrededor la entendieron. No hace falta más. Nadie dudó que fuera desnuda. Era día de coger la mesa de la baranda y disfrutar del paseo de caballos como el que espera el atardecer en Chipiona. Sin prisas. De fondo suena el Pali cantándole a la Alameda. Hoy se lo decía a la Feria, a Sevilla. «Tú no me llores». No es momento de melancolía . Es tiempo de saborear lo vivido, más que añorar lo pasado. Todas las chicotás tienen su fin. Y ésta no iba a ser menos. Que nos quiten lo bailao. Los móviles hoy sonaban menos. Hay menos citas, menos quedadas . Por eso las conversaciones son más largas. Las del balompié local han turnado del varapalo verde al miedo en rojo. Algunos se las prometían felices la noche de pescaíto. «Yo no soy político», pasaba un feriante por Pepe Luis Vázquez. Es la autoexculpación de quien va dando la tabarra mientras caminan al sol. Mucho gris en el cielo, pero también lorenzo apretaba. Conforme avanzaba la tarde, más vida ganaba el real. En la puerta de un aseo de Joselito el Gallo se puede leer: «La prioridad es de los socios». El sábado no está la cosa para pedir la venia. Los camareros, en su ir y venir de caseta en caseta, de punta a punta, con lo que sobra de una para lo que falta en otra, se cruzan con quienes van mapa en mano . La pregunta que a todos se les viene a la cabeza. «¿Cómo sé cuáles son públicas?». El pobre portero no sabía dónde meterse. Ahí va una mejora para el año que viene para el gobierno de Sanz, al que se le podía ver a media tarde con su hombre de Fiestas Mayores haciendo una ronda por el real. La Feria que viene una 'p' en la esquina de la pañoleta. Pero que se distinga del parking. Por cierto, a Manuel Alés sólo le queda la Fiesta Mayor del Corpus para tomarse un respiro. Puestos a dar consejos. Ahí va uno dirigido a los vendedores ambulantes. El 'cash' se va perdiendo en los bolsillos. Es difícil pagar un clavel por bizum. Y vuelve el Pali. «Me gusta que pregunten cosas que yo conocí». Y yo conocí a Sevilla en un mes de abril.