Después de los días grandes, de los «no hay billetes» colgados como bandera y del pulso alto de la Feria en su plenitud, llegábamos a la primera de las dos tardes sentadas como torista en el final del ciclo. La Maestranza cambiaba el aire: menos relumbrón y más exigencia , menos ruido y más mirada al toro. La Quinta abría ese tránsito hacia el cierre, con Miura esperando al día siguiente, y lo hacía con una corrida de impecable presentación que dejó, sin embargo, un juego desigual y una historia que se torció donde menos debía. Hubo toros sin juego —primero, segundo y sexto— y otros que apuntaron —tercero, cuarto y quinto—. En ese terreno, de medias verdades y opciones... Ver Más