Sant Jordi y el libro se profesan amor eterno

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Los grandes acontecimientos están hechos a veces de multitud de pequeñas cosas. Lo dijo, o lo podía haber dicho, Proust. Pero si no fue él seguro que lo ha hecho alguno de los cientos de autores (casi 250 solo de los grandes grupos) que se han congregado hoy para firmar sus obras en Barcelona y toda Cataluña con motivo de la Diada de Sant Jordi, el día del libro y de la rosa (sin olvidar al dragón), que de nuevo ha sido de récord. La diada, refulgente de sol y ventas, ha transcurrido sin incidentes destacables de forma que hay que referirse al también dorado polen que el viento ha lanzado a la cara de los paseantes, para exasperación de los alérgicos, y a esas fastidiosas semillas aladas y peludas de los plataneros que caían continuamente como una nevada y se te iban directo a la garganta. Relatar lo que sucede en una jornada tan extraordinaria pero tan difícil de objetivar requeriría mil pares de ojos y cientos de voces. Las calles se han convertido una vez más en un mar de libros y flores, un caleidoscopio en el que se atomizan las experiencias de los innumerables paseantes ejerciendo de feliz jardín semoviente, cada uno aferrado a su rosa y esgrimiéndola como una declaración pública de pertenencia y de amor.Seguir leyendo