El elástico significado de 'Los restos'

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La Biennale di Venezia es una de esas citas artísticas que trastocan el significado de todo lo que se presenta allí. La participación a través de pabellones nacionales hace que sea considerada poco menos que un teatro de la geopolítica global. Esta edición estará marcada por la guerra y el genocidio, hechos demasiado graves como para ignorarlos. Para agravar aún más esa sinrazón, el presidente de la Biennale ha intentado normalizar la presencia de Israel. Y aunque el mundo del arte no se salva de una frivolidad congénita, es de esperar que muchos artistas y profesionales van a alzar la voz. Protestaremos, no podemos desestimar el escaso margen de acción que nos queda a los trabajadores de la cultura. Pero el sistema del arte también es una máquina de fabricar conceptos, palabras y consignas que, a menudo, neutralizan la catástrofre y la violencia. Lejos de cambiar el mundo, nos adaptan a su aspereza. Cuando tuve que explicar el trabajo de Oriol Vilanova al jurado que finalmente nos escogió dije que la política de su trabajo, más que una política, es una economía. Le conozco desde hace más de veinte años. Todo lo que ha hecho en este tiempo es visitar diariamente los mercados de pulgas que tiene más cerca, allí donde se encuentre. Su propósito se limita a adquirir postales a un precio módico. La cuestión es que durante ese tiempo ha acumulado una cantidad ingente. A una práctica de este tipo, cuantitativamente abrumadora y a la vez precaria, sería ingenuo adjudicarle un sentido o una política. Así que, como comisario y colaborador de este proyecto, he renunciado a gestionar su significado. Sin embargo, este es el tipo de trabajo que tiene la capacidad de absorber todo lo que ocurre a su alrededor. Ahí está su cualidad más destacada. Las miles y miles de postales que dan forma a la composición que se extiende sobre los muros del pabellón español no representan nada porque representan demasiadas cosas. Desde las más banales a las más sublimes. Sin embargo, el clima de guerra en el que estamos inmersos ha infundido una lectura muy precisa al título de Oriol Vilanova, 'Los restos'. Si en un momento esa idea remitía a los descartes que se encuentran en los mercadillos, las noticias de Gaza y toda esa región han dado otro valor a 'Los restos'. El pasado 9 de abril, tras el bombardeo israelí de un barrio entero de Beirut, el cuerpo de Khatoun Salma Kershet, destacada poeta e investigadora, fue encontrado bajo los escombros. La noticia corrió como la pólvora y en muchos de los obituarios se citó repetidamente uno de sus poemas: «La luna no me nombra, pero me reconoce en los restos. Recojo lo que queda de mí como si aún pudiera ser un todo».