El culebrón alemán titulado «Salvad a la ballena Timmy», acaba de dar un giro de lo más inesperado. Cuando el cetáceo había vuelto a quedar varado, tras unas horas nadando en libertad el pasado lunes, y cuando se temía que el descenso del nivel del agua obligase a Timmy a soportar sus propias doce toneladas de peso y aplastase sus órganos internos , causando irremediablemente su muerte, ha sido la veterinaria al frente del equipo de rescate, Janine Bahr-van Gemmert , la que ha caído en estado de coma, a causa de un derrame cerebral. Las esperanzas de que la operación rescate terminase en éxito habían ido disminuyendo y muchos padres alemanes buscaban la forma de ir preparando a los niños, que siguen minuto a minuto el destino de Timmy a través de las redes sociales, para la peor de las noticias. A pesar de que numerosos medios de comunicación mantienen reporteros apostados en la costa, frente a la ballena, nadie reparó sin embargo en la ambulancia que acudió al centro de mando de los rescatadores y abandonó poco después la zona con la sirena puesta. En el interior del vehículo médico era trasladada la veterinaria, «con síntomas circulatorios y anomalías por ictus». Así lo informaría más tarde la empresaria Karin Walter-Mommert, que cofinancia el intento de salvamento privado junto al cofundador de MediaMarkt, Walter Gunz. «El personal del servicio de rescate sobre el terreno reaccionó de forma fantástica y eso, seguramente, le ha salvado la vida», explicó. «Ha tenido que someterse a una cirugía de urgencia, aún no está fuera de peligro, está en coma, pero esperamos que su situación se desarrolle favorablemente», resumió la operación rescate, en esta ocasión de un ser humano. El ministro regional de Medio Ambiente de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Till Backhaus, el político local al que ya conoce toda Alemania gracias al rescate por ahora fallido de Timmy, siguió informando que un helicóptero había trasladado después a una clínica a Bahr-van Gemmert, llegada pocos días antes desde Hawái, y que había roto con el equipo por diferencias en el concepto, por lo que había sido sustituida por otra veterinaria Kirsten Tönnies. Esta sustitución, y el consiguiente enfado, desencadenaron aparentemente una situación de tensión que su organismo no pudo resistir, lo que da una muestra del estrés generado en torno al salvamento de la ballena. Sobre el estado de Timmy , no hay novedad esta mañana. Tras el último y fallido intento de retirar arena de debajo de sus doce metros de largo, propulsando agua con la ayuda de una potente manguera, varios miembros del equipo han perdido la esperanza de que pueda sobrevivir y han abandonado la iniciativa privada de rescate. Algunos se han desahogado en redes sociales sobre el comportamiento de compañeros con los que no han logrado ponerse de acuerdo. «La esperanza está muriendo al final», ha reconocido Backhaus, «estamos trabajando para ayudar a este animal. Sin embargo, la ballena sigue siendo un paciente enfermo y bastante sin aliento». El equipo sigue asistiendo a la ballena con «alimentación animada». Esto implica dos kilos y medio de caballa al día. Normalmente, una ballena come una tonelada de comida al día, pero resulta imposible siquiera trasladar esa cantidad de pescado hasta el punto en el que permanece varada. Por lo demás, el equipo delibera sobre la posibilidad de colocar grandes bolsas de plástico llenas de arena detrás de la ballena, para evitar que se deslice más hacia las aguas poco profundas de la costa. Anoche, el animal se movió unos 80 metros «marcha atrás» debido a la presión del viento y las olas. La idea ha sido aportada por voluntarios de la Sociedad Alemana de Salvamento (DLRG), que ahora ha asumido un papel de gestión dentro de la operación privada de rescate de ballenas. La ballena jorobada fue observada por primera vez en el puerto de Wismar el 3 de marzo y desde entonces ha estado vagando por la costa alemana del mar Báltico. Encalló varias veces frente a Schleswig-Holstein y Mecklemburgo-Pomerania Occidental. La última vez quedó atrapada en una bahía frente a la isla de Poel, cerca de Wismar. Nadie puede explicar por qué el animal se ha empeñado en volver allí una y otra vez, a pesar de haber quedado varada y haber sido liberada. Tampoco encuentran los expertos explicación al hecho de que el animal, que tiene unos cuatro o cinco años, haya acabado en el mar Báltico, que no es adecuado como hábitat para su especie.