La bebida púrpura en la copa de los Césares no solo era vino

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El Imperio romano no se expandió únicamente gracias al hierro de sus espadas, también fue debido, entre otras muchas razones, a una comprensión sagaz de lo que el suelo ofrecía para fortalecer al cuerpo. La remolacha, o Beta vulgaris, ocupó un lugar privilegiado en aquella dieta de conquista. Los romanos fueron los primeros en valorar la raíz bulbosa por su densidad energética y sus propiedades curativas. Naturalistas de la talla de Plinio el Viejo documentaron con precisión las variedades de remolacha, atribuyéndoles la capacidad de aliviar desde fiebres persistentes hasta problemas digestivos.  Imagen ¿Brindando con jugo de remolacha? Imagen ilustrativa: tomada de Facebook Sin embargo, el jugo de remolacha era apreciado sobre todo por ser considerado "sangre concentrada". Los antiguos romanos creían que ingerir este líquido escarlata transfería directamente la fuerza de la tierra al sistema circulatorio. Y en aquella sociedad donde la vitalidad física era requisito para la ciudadanía y el servicio militar, ese extracto se convirtió en un tónico esencial para mantener la resistencia en las campañas más exigentes y en la vida urbana de la metrópoli.Por su parte, los griegos rendían tributo a Apolo, dios de la luz, la música y la profecía, también con remolacha. “De hecho, se decía que los antiguos griegos las ofrecían al dios Apolo en el templo de Delfos, y eran tan valoradas que algunos autores las mencionan entre las ofrendas más apreciadas.  Imagen El Templo de Apolo, en Delfos, Grecia. Foto: tomada de nationalgeographic.com.es La fascinación por este jugo cruzaba también el umbral de lo místico y lo erótico. En la mitología romana, se decía que Venus, la diosa del amor, debía su magnetismo y belleza al consumo de remolachas. Esta creencia popular no quedó en los templos, sino que se trasladó a las alcobas y los mercados, de tal forma que el jugo de remolacha se vendía como un afrodisíaco natural capaz de encender pasiones y asegurar la fertilidad. Imagen "El nacimiento de Venus", obra de Sandro Botticelli, pintado aproximadamente entre 1485 y 1486. Es de las piezas más icónicas del Renacimiento italiano. Entre festines y batallas: ¿jugo de remolacha o vino?Una pregunta frecuente es si los romanos llegaron a preferir este jugo por encima del vino en sus celebraciones. Lo cierto es que aun siendo el vino la bebida social por excelencia, el jugo de remolacha cumplía un rol funcional que el alcohol no podía cubrir. En los banquetes más sofisticados, el jugo de remolacha se servía como un complemento estratégico. Mientras el vino desinhibía y celebraba, el extracto de remolacha se consumía para contrarrestar los efectos del cansancio y permitir que los comensales prolongaran su estancia en el triclinio con mayor vigor. No era un sustituto por sobriedad, sino por optimizar el rendimiento durante el exceso. Imagen Obra "Los romanos en su decadencia", de Thomas Couture, 1847. Foto: tomada de unaderomanos. wordpress.com Para los gladiadores y atletas, el jugo de remolacha podía representar un apoyo natural a la resistencia cardiovascular, similar al rol que hoy cumplen ciertas bebidas energéticas, aunque los antiguos usaban otras preparaciones vegetales documentadas.En ocasión de grandes festines rituales vinculados a la salud de la comunidad, el jugo se bebía puro o ligeramente endulzado con miel para honrar la capacidad regeneradora de la naturaleza, práctica documentada en estudios de medicina antigua.  Imagen Gladiadores, fragmento de mosaico. Imagen: tomada de Wikimedia Conmons Este "elíxir" además funcionaba como un protector gástrico. Tras horas de consumir platos pesados y especiados, el jugo de remolacha ayudaba a los antiguos romanos a la digestión, evitando que el banquete terminara en un malestar paralizante. Los anfitriones que deseaban destacar por su sofisticación, ofrecían este jugo no solo como alimento, sino como una muestra de hospitalidad que cuidaba la salud de sus invitados. Era, en esencia, la bebida de quienes querían disfrutar del placer sin sacrificar la potencia física, manteniendo un equilibrio que los romanos consideraban el ideal de la vida noble.La validación por la ciencia en el siglo XXILo que antes se manejaba como sabiduría popular o intuición atlética, hoy cuenta con un respaldo científico que sitúa a esta raíz en la vanguardia de la nutrición funcional. Porque además de ser un festín para la vista por su tono carmesí profundo, la remolacha es, ante todo, un reservorio de compuestos bioactivos que tributan a fortalecer la arquitectura del cuerpo.  Imagen Foto: tomada de instituciones.sld.cu Desde un punto de vista estrictamente técnico, posee una densidad calórica notablemente baja -aproximadamente 43 kilocalorías por cada 100 gramos-, lo que la convierte en una aliada estratégica para determinadas dietas. La componen mayoritariamente agua (87%), carbohidratos (10%) y una presencia de fibra de alrededor de 2,8 gramos por 100 g (mezcla de soluble e insoluble).Pero la verdadera magia reside en su perfil de micronutrientes, donde el folato o vitamina B9 es protagonista absoluto. Una ración estándar de remolacha puede cubrir un porcentaje significativo de la dosis diaria recomendada de esta vitamina, esencial para la síntesis del ADN y la salud celular, especialmente en etapas de crecimiento o embarazo. También junto a esa vitamina el potasio se presenta en dosis generosas, actuando como un regulador natural de la hidratación y el equilibrio electrolítico, lo cual favorece la función muscular y protege la salud cardiovascular al contrarrestar los efectos del sodio. El manganeso es otro de los compuestos  de esta raíz. Se trata de un oligoelemento fundamental para el metabolismo de los aminoácidos, el colesterol y los carbohidratos, además de contribuir a la formación ósea.  Imagen Foto: Getty Images Al consumir remolacha, se ingresa al organismo una pequeña pero constante corriente de vitamina C y hierro; si bien este hierro es de origen vegetal (no hemo), la presencia simultánea de vitamina C en la propia planta ayuda a mejorar su tasa de absorción. La remolacha logra de esa manera un equilibrio químico natural que parece diseñado para maximizar la biodisponibilidad de sus tesoros internos.Alquimia de los nitratos Más allá de las vitaminas convencionales, la remolacha posee un "arma secreta" que ha captado la atención de la ciencia deportiva y la cardiología moderna: los nitratos inorgánicos. Estos compuestos, al entrar en contacto con la saliva y el tracto digestivo, se transforman en óxido nítrico, molécula que actúa como un potente vasodilatador. El resultado es una mejora en el flujo sanguíneo, mayor eficiencia en el uso del oxígeno por parte de las mitocondrias y, por tanto, una reducción natural de la presión arterial sistólica.  Imagen Foto: TikTok Investigaciones indican que este efecto es tan marcado que el consumo regular de jugo de remolacha se ha vuelto una práctica estándar entre atletas de alto rendimiento que buscan optimizar su resistencia. No se puede hablar de su valor nutricional sin rendir homenaje a las betalaínas, los pigmentos responsables de su coloración única. Estas sustancias no son solo colorantes naturales, poseen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que poseen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias de notable potencia entre los fitonutrientes.Las betalaínas ayudan a combatir el estrés oxidativo y se asocian con la protección del hígado, facilitando los procesos de desintoxicación celular. Esta capacidad protectora es uno de los pilares que sostiene el prestigio de la remolacha en la nutrición funcional contemporánea . Imagen Imagen: Marisa Moll/ Instagram Finalmente, la fibra insoluble presente en la remolacha actúa como una escoba biológica, promoviendo la regularidad intestinal y alimentando a la microbiota beneficiosa. Al ser un prebiótico natural, su paso por el sistema digestivo no solo facilita el tránsito, sino que fortalece las defensas inmunológicas en el intestino. Es así que lejos de ser un suplemento alimentario más de moda, la remolacha se consolida como alimento significativo para la longevidad y la salud celular. Ya sea en un banquete en la antigua Roma o en un moderno laboratorio de nutrición deportiva, sus beneficios son los mismos: se trata de una humilde raíz capaz de transformar el rendimiento humano.