Cómo la crisis de Donald Trump puede encender una guerra contra Cuba

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Tras su evidente fracaso en la guerra de Irán, Donald Trump no es un presidente tranquilo. Quienes lo han visto en los pasillos de la Casa Blanca durante estos días de abril de 2026 lo describen como un animal acorralado: mira las pantallas de televisión con el ceño fruncido, golpea los muebles con los nudillos y murmura números de encuestas que ya conoce de memoria. Su aprobación ronda el 35 %. La base MAGA, ese monstruo de mil cabezas que él mismo alimentó durante años, empieza a devorarlo por dentro: los líderes de opinión conservadores le dan la espalda por su giro belicista. Y los tribunales… los tribunales son un rosario de cuentas por pagar que incluyen condenas por fraude, soborno y 13 artículos de impeachment.La estrategia del depredador: Cuba aparece en ese tablero como una pieza pequeña, pero perfecta. El mundo debe entenderlo: no es una provocación retórica. Es el preludio de una operación de distracción con consecuencias impredecibles.Desde junio de 2025, las medidas de Trump han ido estrangulando la isla: primero las restricciones de viaje, luego el bloqueo financiero, después los aranceles a los países que se atrevan a venderle petróleo, sumando un embargo petrolero total que asfixia a la población civil, considerado como un castigo masivo.Cuba no se llama a engaño. En una alocución nocturna, con la voz grave pero firme, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel advirtió: «Estamos ante una agresión multidimensional. Una agresión militar es una posibilidad real.» Y bajo la doctrina de la “Guerra de todo el Pueblo”, ordenó a las fuerzas armadas a prepararse. En las calles de La Habana, los carteles de «Patria o Muerte» vuelven a tener un brillo distinto bajo el sol del Caribe.Trump, mientras tanto, tuitea desde su residencia de Mar-a-Lago: «Cuba es un desastre. Una tomita amistosa no estaría mal. Ya veremos.» Sus asesores militares tragan saliva. Ya nadie frena a la bestia.El pentágono depurado: una máquina de guerra sin frenos para que una guerra de distracción funcione, hace falta una maquinaria de guerra fiel. Y Trump ha pasado los últimos meses limpiando el polvo de los viejos generales para poner a los suyos.El secretario de Defensa, Pete Hegseth, es un tipo raro en el cargo: antes fue comentarista de televisión, no estratega. Pero ha hecho lo que el presidente le pidió: despidió al jefe de la Agencia de Inteligencia de Defensa, echó al jefe de Estado Mayor de la Armada y, de paso, dejó sin jefe a su propio jefe de Estado Mayor. El Pentágono, por unos días, funcionó como un barco sin capitán —y para colmo, Hegseth terminó asumiendo un cargo de «Secretario de Guerra» que ni siquiera existe en la legislación estadounidense.Las reuniones en el Salón de la Guerra tienen una dinámica nueva. Ya nadie discute. Todos asienten. Los uniformes grises han sido reemplazados por trajes oscuros que huelen a Wall Street y a lealtad personal.Un oficial de alto rango, que pidió el anonimato, confesó: «Hace un año, hubiéramos frenado una locura como invadir Cuba. Hoy, no sé quién va a decir que no.» Esa confesión debería encender todas las alarmas del planeta.En el departamento de justicia, la venganza se hizo ley. Al otro lado del río Potomac, en el Departamento de Justicia, Pam Bondi también hizo su tarea. Ella fue una de las primeras políticas en subirse al carro de Trump, y dirigió el DOJ como si fuera el bufete privado del presidente hasta que fue despedida.Los pasillos que antes olían a expedientes sellados y a independencia judicial, hoy huelen a órdenes verbales. Trump le exigió por X (antes Twitter) que procesara a sus enemigos. Y Bondi obedeció. El caso contra el exdirector del FBI, James Comey, fue solo la punta de un iceberg de represalias. «El DOJ se convierte en el brazo ejecutor de la venganza de Trump», escribió un columnista del Washington Post. Ahora, dentro de la propia fiscalía, muchos funcionarios de carrera caminan con la cabeza gacha, temiendo ser, como la propia Bondi, los próximos en la lista. No hay estado de derecho. Hay un hombre y sus leales.Europa y el mundo también le dan la espalda al nuevo "emperador" y eso lo hace más peligroso. Mientras Trump mira hacia el Caribe, Europa le da la espalda. El presidente danés, Mette Frederiksen, no olvida aquella llamada en la que Trump le sugirió “comprar Groenlandia” y, al recibir un no, amenazó con tomarla por la fuerza. «Es una amenaza existencial para la OTAN».Un exsecretario general de la Alianza Atlántica lo calificó como un acto «desvergonzado». Y a la Unión Europea… a la que Trump ha llamado «decadente», le exige un gasto militar del 5% del PIB, algo que ni Estados Unidos cumple. Los líderes europeos ya no devuelven las llamadas con la misma prisa.Pero cuidado: el hecho de que Trump esté aislado no significa que no pueda atacar. Al contrario, un líder desesperado y sin aliados que lo frenen es más impredecible que nunca.En Teherán, también observan. El año pasado amenazó con destruir instalaciones nucleares iraníes. Con alto al fuego o no, Irán mantiene sus misiles listos. El mundo entero es un polvorín.¿Es Cuba el espejismo elegido?Los analistas de inteligencia lo llaman el «Manual de la Distracción»: cuando el líder está débil, se inventa una amenaza externa. Un enemigo pequeño, simbólico, fácil de caricaturizar en los telediarios.Cuba, según su delirante consejero el mafioso anticubano Marco Rubio, cumple todos los requisitos: Está a solo 90 millas de Florida; es comunista; tiene una economía frágil y acumula 67 años de confrontación con Washington. Trump, acorralado por las encuestas, las querellas judiciales y una base política que se le resquebraja como el hielo en primavera, necesita que los reflectores apunten a otro lado. Y La Habana está justo donde las cámaras llegan sin satélite.Un viejo periodista que cubrió la crisis de los misiles en 1962 lo resumió con una frase: «Esto ya lo vimos. El truco no es nuevo. Lo nuevo es que ahora el mago está más desesperado que nunca.»Cuba sigue resistiendo a pesar de los pronósticos y los sueños anexionistas del exilio anticubano. Nadie sabe si el disparo sonará. Pero todos escuchamos cómo se carga el arma.Esta no es una noticia más. Es una alerta a la comunidad internacional —Naciones Unidas, la CELAC, el Movimiento de Países No Alineados, los gobiernos responsables de Europa y América Latina. Cuba sabe que no está sola.Trump, desesperado, podría hundir el Caribe en un conflicto absurdo solo para salvar su pellejo en víspera de las próximas elecciones de medio tiempo que tendrán lugar en noviembre. Cuba no es el problema. Cuba es una falsa excusa.