Dos mujeres desnudas, de Luz

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Edición original: Deux filles nues (Albin Michel, 2024)Edición nacional/España: Dos mujeres desnudas (Reservoir Books, 2026)Guion: LuzDibujo: LuzColor: LuzTraducción:: Carlos Mayor OrtegaFormato y precio: Cartoné. 200 páginas. 24,90€La belleza del arte contra la barbarie.«Ahora no coleccionamos, ahora salvamos.»Independientemente de su base ideología, el poder siempre ha buscado cercenar la libertad de los artistas para que reflejen en sus obras un mundo o unas ideas que no se ajusten a lo que el sistema considera lo adecuado. Algo que a lo largo de la historia diferentes obras se hayan censurado, prohibido o destruido y sus autores haya sufrido torturas, destierros, penas de prisión o asesinatos. Un destino similar al que sufrieron los compañeros de Luz (Tours, 1972), seudónimo de Rénald Luzier, en la revista Charlie Hebdo el fatídico siete de enero de 2015. Un ataque injustificado contra la libertad de expresión y que demuestra el miedo que los fanáticos siempre han tenido ante el arte que cuestiona cualquier poder. El autor de Vernon Subutex (Salamandra Graphic) se salvó por llegar tarde a la reunión prevista tal y como le sucedió a Catherine Meurisse (La levedad), pero la experiencia le marco de forma profunda como pudimos ver el cómic Catharsis, inédito en esto lares. Así que ante la deriva que está tomando el mundo con el auge de la extrema derecha quiso hacer un nuevo homenaje a sus compañeros con motivo del triste décimo aniversario del terrible atentado creando un cómic que pusiera en valor la importancia del arte contra el totalitarismo. El resultado es Dos mujeres desnudas en el que vemos la trayectoria del cuadro homónimo pintado en 1919 por el alemán Otto Mueller que posteriormente formo parte de una infame exposición llamada “Arte Degenerado” celebrada en Múnich en 1937 con la que los nazis buscaban denigrar el arte moderno y seguir propagando odio hacia todo lo que escapaba de su miope forma de ver el mundo. Un cómic que nos recuerda de una forma lucida y sorprendente como a diario somos testigos de esos mismos actos de odio. Una de las grandes novedades de este año en nuestro país gracias a la espléndida edición de Reservoir Books. Esperemos que por estos lares coseche el mismo éxito que en su país origen fue ganador de premios tan importantes como el Fauve d’Or al mejor álbum de Angoulême del año pasado, el Prix Wolinski o el Premio de la ACBD.En las primeras páginas del cómic de Luz vemos como el pincel de Otto Mueller va liberado con sus trazos una imagen que se corresponde con la silueta de las dos mujeres que podemos vez en el cuadro Dos mujeres desnudas. Y es que estamos ante una historia que está contada desde la perspectiva del cuadro, algo que dota de una enorme originalidad a la narrativa del cómic que debe adaptarse a esa decisión y usarla a su favor. Un recurso con una intención muy clara: ver cómo nos contempla el arte a nosotros. Esa cámara subjetiva que vemos es algo similar a lo que propone Richard McGuire en la maravillosa Aquí, pero el cómic de Luz, pese a tener una perspectiva fija desde el momento en el que el pintor expresionista completa el cuadro, juega perfectamente con los diferentes espacios donde está el cuadro e incluso con su angulación cuando está colgado. También con lo que sucede a su alrededor, fuera de ese plano, aunque no lo veamos ni nosotros y ni la pintura. Y lo hace una forma absolutamente brillante con escenas impagables como la exposición donde los cuadros están colgados torcidos de forma sibilina por los nazis, algo que no entiende Luther, un niño que lejos de experimentar el odio que quieren transmitir solo ve que tiene que ponerlo recto. También con la forma de reflejar sutilmente en una sola página el progresivo ascenso del nazismo o momentos impactantes como el horror de la noche de los cristales rotos o los bombardeos. Unas secuencias pensadas con mucho cuidado y que sirven para potenciar cada uno de los diferentes mensajes de la obra.En el apartado narrativo el color también juega un papel clave el color con un uso mayoritario de tonos ocres y negros con pincelas de rojos para destacar algunos objetos. El resto de colores quedan reservados para los diferentes cuadros que aparecen en la obra. Pero tan importante como esos colores resulta el blanco de las calles que divide cada viñeta que se concierte en el marco del cuadro, un marco que se torna en negro cuando asistimos a sucesos terribles.Una propuesta arriesgada y valiente que no se queda solo en lo formal ya que vemos como el cuadro emprende un largo viaje pasando por diferentes manos y lugares. La historia con “minúsculas” del cuadro se entremezcla con la historia con “mayúsculas” que nos permite asistir como espectadores al ascenso al poder de los nazis, a los estragos de su persecución a los diferentes, al expolio de los bienes de las familias judías o la persecución del arte moderno. Una travesía por la historia del s. XX que nos deja ver el enorme trabajo de documentación que ha realizado Luz y que nos debería servir para recordar esos tiempos terribles que cada día están más cerca repetirse con las constantes y planeadas campañas de odio hacia el diferente de la extrema derecha. Pero la obra no solo nos narra esos momentos tan oscuros de la historia, ya que incluye un halito de esperanza cuando vemos como el cuadro se devuelve a los herederos del abogado judío que lo compro a su autor. También somos testigos de cómo la belleza y mensaje de esas obras eran apreciados por muchas personas pese a ser parte de una exposición montada por los nazis para denigrar esas obras. Incluso se convierte en un sentido homenaje a todos los que trataron de crear y preservar el arte en esos tiempos terribles.Que hoy en día el cuadro de Müller este colgado en las paredes del Museo Ludwig de Colonia es la mejor prueba de la resistencia del arte ante la barbarie nazi, pero también la vía para hacer un ejercicio de memoria histórica que nos impida olvidar lo que vivió. Un objetivo que comparte con el cómic de Luz se convierte también en un recordatorio de la capacidad del arte para rebelarse contra el poder y denunciar una realidad terrible que parece que estamos a punto de repetir. Algo que muchos autores de cómic parecen haber olvidado creando obras sin compromiso y que tampoco se atreven a experimentar con el lenguaje del medio como lo hace Dos mujeres desnudas.Lo mejor• Que veamos la historia a través del cuadro.• La mezcla de las historias que vive el cuadro con la historia de Europa.• La denuncia de los totalitarismos.Lo peor• Que estemos a las puertas de volver a vivir esas mismas situaciones.