Acaba de ver ganar la Flecha Valona a Paul Seixas cuando responde por teléfono a ABC desde la línea de meta. El aroma de la Lieja-Bastoña-Lieja, que se disputa este domingo, ya está en el ambiente, y para él -Moreno Argentin (San Donà di Piave, Italia, 65 años)- es como oler la sangre. La ganó hasta en cuatro ocasiones, tres de ellas consecutivas. Oírle hablar de esta clásica-monumento es como departir con Noé acerca del agua. Efectivamente, es un territorio sin secretos. Un abismo adocenado. «Escucha, pero el ciclismo de hoy ya no es lo que era. Todo está demasiado estandarizado», sentencia uno que ha escrito ínclitos capítulos en un mundo fiscalizado, lleno de claroscuros y trampantojos. Uno que ha reinado en dos universos generacionales: el de Roche-Fignon; el de Ugrumov-Berzin. Siempre percutiendo con la bici. Tan suave que aniquilaba con silenciador. Es obligatorio comenzar por el nuevo fenómeno, aún inexplorado: Paul Seixas. Talento virgen. El mundo ha cambiado. El ciclismo que hacía yo no es el de hoy. Sí, en los últimos tiempos han surgido corredores jóvenes como Pogaçar, Evenepoel, ahora Seixas… Él es el más joven de todos. Ganar así de sencillo como lo ha hecho él… No sé. El ciclismo es diferente. No he visto una prueba emocionante, sinceramente. Ha sido el mejor en la llegada, y seguro que esto pone feliz a Francia, su país. Puede ser que hablemos de un ciclista importante para el futuro . Debe mejorar mucho aún, y es menester dejarlo tranquilo. Noto un cierto desencanto en estas palabras. No sé si rechazo al ciclismo de hoy o melancolía -incluso nostalgia- por sus tiempos bravos en los ochenta y noventa. Nostalgia, quizás. Hace treinta y dos años que no venía aquí. ¿Recuerdas que gané en 1994? En mis tiempos, en la primera vuelta con el Muro de Huy ya había emoción a raudales. Mucha competitividad, muy atractivo todo. La carrera ya era muy dura y difícil. Aquí ha llegado un gran grupo a los pies de la última subida. Esto nos dice que se ha equiparado todo. El nivel entre los rivales es parecido, y todos le han tendido una alfombra roja a Seixas, quien partía como favorito. Lógico, porque es potente en este tipo de llegadas. Mira, déjalo así. ¿Todo es estándar y previsible? Exacto. Ahí quiero llegar. Larga vida a los jóvenes, larga vida a los jóvenes, larga vida a los jóvenes. Centrémonos en el Lieja-Bastoña-Lieja, su carrera fetiche. La ganó en cuatro ediciones: 1985, 86, 87. Casi un lustro después, volvió a besar la miel (1991). Ahí, Induráin fue cuarto, porque preparaba el Giro. Fue su penúltimo rugido en el mundo del ciclismo. Contando las Flechas Valona, es detentor de nueve diamantes de un día. Pero volvamos al inicio, ¿Con qué momentos se queda con la decana de las clásicas? De todas guardo anécdotas, momentos mágicos. En 1985, por ejemplo, vine de un segundo puesto en la Flecha, tras Claude Criquielion. Después, ese domingo, me impuse tanto a él como a Stephen Roche. Ellos ya eran ciclistas muy consolidados. Eso me abrió las puertas de todo. Especialmente gané en autoestima y convicción de que sí, efectivamente podía competir y ganar en grandes pruebas de un día. La del 87 tuvo algo de suerte. Sí, todo el mundo la recuerda. Con la 'maglia' de campeón del mundo (Colorado, 1986. Saronni fue tercero). Es que delante, tanto Roche como Criquielion no paraban de mirarse, de estar atentos entre ellos… Llegué por detrás como un bandido, un halcón. Imposible olvidar. Verás, la Lieja es una carrera relativamente fácil. Es una corsa seleccionada y no natural. Tienes que adquirir una buena forma, un gen ganador y fuerte para no caer en determinadas trampas. La clave era estar siempre ahí arriba… En definitiva, para mí era más sencilla ésta que una San Remo, por ejemplo. De hecho, jamás la gané. Se la arrebató Sean Kelly en 1992. Era otro cazador de clásicas ¿Me describe el panorama presente? Ya te lo dije. Hay una generación de corredores nuevos, jóvenes, y estos han modificado la manera de pedalear. Corren como si fueran amateurs. No sé, quizás ya en la Lieja cambiará el escenario, con Pogaçar o Evenepoel. Sí, el faro grande será Tadej, quien además tendrá su escuadra a disposición. Será dura la corsa, pero él ahí se mueve bien. Respecto al resto, incidir en este cambio generacional. Parece que un joven ahora pueda ya resistir determinados esfuerzos. No sé, si fuera Seixas… Él está creando muchas expectativas. Si fuera él, sería cauto. No me lanzaría a todo: clásicas, Giro, Tour… Si eres bueno, después te llevan a correr todo, y es un riesgo. Puedes quemarte enseguida, sobre todo mentalmente. 1993, con Mecair-Ballan logra muchas etapas en el Giro. Un año después, la Gewiss revienta Flecha Valona. Ganó usted, seguidos de Furlan y Berzin, respectivamente. Todos de la misma escuadra. Sabe mejor que yo toda la polémica suscitada. Era muy simple. Estábamos muy adelantados en la metodología de entrenamiento. Encontramos tres corredores con las mismas características. Además, aquella fuga no fue programada. El objetivo del equipo era que alcanzáramos bien, con fuerzas, el Muro de Huy. Todos los compañeros nos ayudaron, y cuando nos ubicamos bien ahí arriba… Sí, los tres que citas no hicimos sino, de manera espontánea, continuar. Continuar sin parar. Así hasta el final. La escapada no estaba escrita en ningún sitio. A la gente le dio que pensar. Eran los años de Michele Ferrari. Además, ese año la Gewiss monopolizó prácticamente todo. Berzin, incluso, ganó el Giro. Después, en el Tour con Ugrumov segundo… Usted ya mayor resurgido tras el bajón fisiológico de finales de los ochenta… Es obvio que a la gente diera que pensar, pero créeme que Italia -entonces- estaba a años luz en metodología de entrenamiento. En mi caso, tenía mi preparador; ya hacíamos la altura. Estábamos mucho más preparados que el resto. Después, cada uno es libre de opinar. Nosotros efectuamos todos los controles pertinentes, luego nada que recriminar en este caso. Si uno no quiere entender es inútil seguir explicando. Muchos entrenamientos por encima de los dos mil metros. Trabajo, determinación y constancia. Eso siempre te reporta algo positivo. 1994 fue mi último año, pero me siento orgulloso porque ayudé a la escuadra a tomar este camino: el de emprender una modernización que tocaba el entrenamiento, la alimentación… Ahí comenzaba algo que hoy es la tónica habitual. En este sentido se erigió en un pionero, un revolucionario. No me negará que la figura de Michele Ferrari fue, cuanto menos, controvertida. Inicié una nueva mentalidad, sí. Respecto al doctor Ferrari… No sé si sigue trabajando, porque hace tiempo que no hablamos… Digo que, cuando estaba conmigo, puedo garantizar que era uno de los mejores preparadores, sin duda. No me refiero a fabricar cócteles de dopaje, ¿entendido? Era uno que nos hacía trabajar. Después, sí, tomó otros caminos, porque lógicamente el tema Armstrong no se puede olvidar. En mi caso, subrayar que hice solo lo que mi cuerpo y mente podían aceptar. No me excedí. Acudí a los controles pertinentes, siempre. Nadie puede decirme nada. Después, sí, alguno ha exagerado en la vida… ¿Qué quieres que te diga? ¿Hablamos del caso Pantani? Usted estuvo encasillado a las clásicas de un día, pero hizo algunas performances importantes en el Giro. Una vez quedó tercero en 1984, tras Moser y Fignon. Luego, como muchos, sufrió las bocanadas de Induráin. Miguel era el mejor , incluso cuando no estaba bien. Las carreras por etapas, pese a algunos buenos resultados cosechados, no se ajustaban a mis características. Hace años dijo respecto al turbio asunto del dopaje: «Hay que vigilar a quienes pasan de ser burros a caballos gracias a la medicina». ¿Lo sigue pensando? Exacto. Todavía sucede. Es el gran problema del deporte en general. Sabemos que el ciclismo es una parte pequeña. Hablamos del EPO, el gran lunar. Transformaba, como te dije, los burros en caballos. Venga, terminemos aquí.