El mosqueo con Mbappé

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En Sevilla (otra Sierra Morena arbitral) colapsó el mosqueo que el madridismo tiene con Mbappé, líder de los piperos: tiró un mano a mano al tercer anfiteatro y luego miró la hora y marchó al vestuario como a cambiarse para ir a la Feria, donde a nombre de 'Laissez faire, laissez passer' tendría puesta caseta, lo que a juicio de los incautos no tiene perdón de Dios. Puerta del Perdón es el nombre de los accesos a catedrales para devotos en busca de indulgencias por penitencias como la del Camino de Santiago, y en el fútbol, en modo secular, la del cutrerío liguero en el Bernabéu, donde, perdidos todos los títulos por el gatillazo de Xabi Alonso, el madridismo de campanario aprovecha ahora los partidos de la basura (a más de veinte puntos de la cabeza, el cuarto clasificado ha eliminado de la Copa y de la Champions al líder) para ajustar cuentas con sus demonios familiares, que son Camavinga y Vinicius. El francés pidió perdón en redes por su expulsión en Múnich. Y el brasileño pidió perdón en el césped sólo por existir, que a eso han reducido su vida la barbarie y la corrupción ibéricas. Vinicius lo hizo después de un gol de bandera al Alavés (¡un quite del perdón!), en el mismo partido que Mbappé hizo un gol de churro y fue elegido por ello MVP. Pero el debate ya venía servido, con todo el antimadridismo en el bando de Mbappé: echar a Vinicius (dos Champions) y hacer un equipo para Mbappé (cero Champions), con Deschamps de entrenador. Contra el Alavés hubo Martes de Carnaval y la mugre pipera, nieta de la misma mugre pipera que pitaba a Juan Gómez Juanito, pitó a Vinicius cada vez que tocaba el balón y ovacionó a Mbappé cada vez que fallaba un gol, empujando al espectador neutral a hacerse culé por vergüenza ajena. Al final del partido, hubo silbatina general al equipo, y mientras Mbappé, 'Hombre del Partido', corría a esconderse en el vestuario, Vinicius ¡y Camavinga! se quedaron en el césped a cumplimentar al público, que tampoco merece otra ilusión que la de Mbappé compitiendo por el Pichichi con Muriqi mientras las maras mediáticas aprovechan la frustración ambiental para echarle pulgas a Arbeloa: por qué no juega el pobre Pitarch cuando vuelven Mbappé y Bellingham y por qué no juega el viejo Carvajal, que tiene que ir al Mundial. Lo de Pitarch es broma, pero lo de Carvajal, ése con el que el joven Víctor Muñoz se ganó en Pamplona su regreso al Madrid, no. Ahí está esa solanera de comadres donde reluce el tinte de Cañete, 'héroe' del Real Madrid-Odense del 94, comadreando que Arbeloa no pone a Carvajal porque es el futbolista que lo retiró: «A mí me da que el rencor caduca más tarde que el yogur», es la frasecilla manchega muy Paulo Coelho que deja caer Cañete, haciendo buena la impresión que Pérez de Ayala tenía de esta clase de españolejos: «Sí, aquí somos como comadres que vivimos de la vida ajena a falta de la propia. Murmurando de todo. Ensayando el palillo de dientes en el nombre del amigo. Dando mordisquitos de ratón en…». Cañete con un mondadientes repasando la actualidad, que es la recena. Como diría Cela: un país encabronado por la envidia. Por eso es una bendición para el Real Madrid no tener jugadores españoles: primero por ser club universal, y luego por evitar los comadreos que alimentan al Combinado Autonómico y que tanto incomodaron cuando el mourinhismo. ¿Que qué fue el mourinhismo? Para los más jóvenes, y en palabras de sir Alex Ferguson: «Durante el tiempo de Mourinho en Madrid, seguía cada semana lo que estaba ocurriendo en España. El cautivador choque entre Mourinho y el Barcelona fue, para mí, como una serie emocionante, y esperaba ansioso cada nuevo episodio semanal. El Barcelona estaba en la cima del mundo, ¿y quién se atrevía a desafiarlo, sacrificando su propia reputación en el proceso? Sólo Mourinho. Fue como ir a la batalla con una espada pequeña para enfrentar a un ejército entero en plena fuerza». Con el gol, el viernes, del bello y setentero Bellerín , que es vegano (palabra india que significa 'mal cazador'), todos supimos que esto ya sólo lo arregla Mourinho.