Eugenia Balanta, gerente general de Cafexcoop. Foto: cortesíaUna taza de café puede contar una historia. Más allá de su sabor, su olor y tonalidad, el grano (en crudo, tostado o molido) esconde en su perfil varios detalles de su origen. De una cadena que va desde las manos de los caficultores hasta su viaje en bultos de fique. Esa idea de experiencia, remembranza e identidad es la que ha querido rescatar Cafexcoop, la empresa de las cooperativas de productores de café del Valle del Cauca que ha logrado transmitir ese mensaje al mercado internacional y que busca seguir consolidando tanto a la región como a Colombia como un mercado de producción 100 % local. Eugenia Balanta, gerente general de la compañía, habló de los retos que ha significado cumplir esa meta y de los reconocimientos alcanzados en el camino. ¿Cuál considera que es el valor diferencial de Cafexcoop y en qué se ha basado su estrategia?Este es el resultado de un sueño que yo creo que tenemos todos los colombianos. Colombia es muy reconocida por su origen y por la finura de su café, pero tradicionalmente siempre ha exportado café verde.Nuestra compañía fue creada hace 35 años por un grupo de cooperativas que agrupa a pequeños productores, con un propósito muy claro: lograr exportar el café tostado desde el territorio nacional, no seguir exportándolo en verde, sino procesarlo, tostarlo, empacarlo aquí, darle un nombre propio y llevarlo al mundo.Ese es el eje central de nuestra diferencia. Vendemos el café cultivado en la tierra, pero también lo transformamos en la tierra. Esto es muy importante porque garantiza no mezcla, pureza absoluta y, además, es una apuesta por desarrollar la industria transformadora en el país.¿Y de qué manera se potencia esa transformación?Nosotros tenemos una riqueza inconmensurable en un montón de productos agrícolas, pero todos los entregamos como al fresco, crudo, sin procesar, porque aún estamos algo atrasados en esa batalla por construir industria. Es difícil, pero se puede pensar en que, si aún no somos un país altamente industrializado, por lo menos tengamos las industrias que le permitan transformar sus productos.Nosotros somos una pyme que nació como un emprendimiento de cooperativas y hoy hemos logrado consolidar una empresa que pone en alto el nombre de los cafés del territorio en el exterior.¿Cómo se traslada ese valor agregado a los caficultores del Valle del Cauca?Partimos de trabajar con caficultores que quieren diferenciar su café, lograr que sea puro y que refleje los sabores del territorio, que vienen del suelo, del microclima y de prácticas ancestrales que lo hacen único e irrepetible. Ese esfuerzo y compromiso lo reconocemos a través de la comercialización con el sobreprecio que pagamos. A los caficultores que entregan su café a las cooperativas y que es procesado por Cafexcoop, les pagamos entre 10 % y 25 % adicional, dependiendo de la calidad y los volúmenes.Además, generamos empleo porque todo el proceso de transformación se hace aquí: empaques, mano de obra, industrialización. Eso permite agregar más valor y que el consumidor final sienta que está pagando por un producto único, con garantía de pureza y con mayor retorno para el productor.Desde su experiencia, ¿cuál es el camino para consolidar los cafés de origen y especialidad?Parte del camino es visibilizarlos, poner estos cafés en escenarios internacionales, hacer que ganen premios y que los prueben personas con distintos criterios en el mundo.Desafortunadamente, a veces podemos llegar a ser algo incrédulos y, paradójicamente, muchas veces creemos en nuestros productos cuando son reconocidos afuera. Por eso, cuando estamos seguros de la calidad de un café, buscamos certificaciones y concursos internacionales donde expertos validen su nivel.Luego traemos ese reconocimiento al país para que el consumidor tome decisiones informadas. Colombia tiene una diversidad enorme de cafés de alta calidad y tendemos a no reconocer ese privilegio. Destacado: “Sin un registro que funcione, la informalidad seguirá creciendo”: sector hotelero insiste en una regulación que nivele el mercado¿Qué representan los reconocimientos internacionales recientes para la compañía y la región?Uno de nuestros retos ha sido visibilizar al Valle del Cauca como un departamento cafetero de alta calidad. Para eso creamos la línea de cafés de origen, identificando atributos por municipio.En concursos internacionales se evalúan no solo los sabores, sino también la presentación, el empaque y la información al consumidor. Este año obtuvimos medalla de oro en Bruselas en la Monde Selection con el Café Ginebras Origen Vijes y Café PazCífico. Este último es resultado de un proyecto en el que productores reemplazan cultivos ilícitos por café en una zona afectada por el conflicto.También recibimos reconocimientos en los Global Coffee Awards con cafés como Ginebras Gourmet, Dos Vertientes y Paujil de Oro, destacados por su versatilidad y perfiles de consumo. Para nosotros es muy importante que el mundo reconozca que estos cafés son 100 % hechos en Colombia y que pueden competir en cualquier mercado.¿Cuáles han sido los principales retos para mantener la calidad y el posicionamiento?El primero es insistir, persistir y nunca desistir. En el café nada está dicho.Otro reto clave ha sido articular a todos los actores de la cadena: productores, cooperativas, industria, exportadores y gobiernos locales. Es una cadena muy extensa y cada eslabón tiene intereses distintos. También está el desafío de competir en mercados internacionales donde hay marcas muy posicionadas y donde históricamente Colombia ha exportado materia prima, no producto terminado.Cafés reconocidos a nivel internacional. Foto: Cafexcoop¿Cómo están abordando los retos climáticos?Estamos en conversaciones con cafeteros de la región porque es muy necesario que nos articulemos mejor. Aquí necesitamos academia, autoridades locales e investigadores para mitigar el impacto climático. No solo tenemos que pensar en que hay que regenerar suelos, sino pensar en arreglos forestales y nuevos modelos productivos.Se requiere el apoyo de ingenieros, biólogos y centros de investigación para diseñar sistemas que le brinden tranquilidad al cafetero y le permitan enfrentar periodos más largos de sequía y de lluvias.Estamos en mesas de trabajo con los caficultores y Cenicafé, que es nuestro centro internacional de investigación del café. Los comités departamentales se están apoyando también en esas conversaciones para desarrollar modelos que luego se puedan implementar. ¿Cuáles son los planes de Cafexcoop hacia 2026?Tenemos el objetivo de crecer al menos 30 % en la comercialización de café tostado para exportación. Hoy Colombia exporta cerca del 90 % del café en verde y queremos cambiar esa realidad. Soñamos con el día en que la mitad del café la exportemos en crudo y la mitad tostada, y para eso venimos impulsando la venta externa en pequeñas cantidades respaldados en la alta valoración del consumidor final. Le apostamos a canales como comercio electrónico y boutiques de café, donde hay consumidores dispuestos a pagar más por productos diferenciados. Son mercados de nicho, pero permiten avanzar con pasos firmes en el posicionamiento del café tostado en origen.Seguramente tomará tiempo, pero seguiremos apostando por ese resultado. Si el Valle del Cauca fuera un café, ¿cuál sería su perfil de sabor y de olor?Tendría olor a caña de azúcar, a panela, a trapiche. Sería un café dulce, como somos nosotros, con un aroma que evoca los paisajes vallecaucanos llenos de tonos verdes. Ese sería el perfil de nuestro café.¿Algún mensaje final?La invitación es a la industria a seguir apostándole a procesar el café en Colombia y no exportarlo solo como materia prima.Y a los colombianos, a valorar los cafés locales, a consumirlos, a leer sus historias y a reconocer la diversidad que tenemos. Es un privilegio que muchas veces solo entendemos cuando salimos del país. Destacado: Turismo cambia de ritmo: caen hasta 15 % los visitantes no residentes