La prioridad nacional que merece la pena

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Nos hemos acostumbrado a clasificar los delitos según quién los comete. No es lo mismo si es «de los nuestros» o «de los otros». La polarización ha hecho el resto. Unos justifican, otros señalan, unos minimizan, otros exageran. Y así, poco a poco, hemos terminado aceptando una idea peligrosa: que hay delitos más tolerables dependiendo del bando. Los delitos no tienen ideología. La corrupción no cambia de naturaleza según el color político de quien la practica. Sin embargo, el clima mediático y político empuja en la dirección contraria y está convirtiendo cada caso de corrupción en munición partidista, en lugar de tratarlo como lo que es: un problema estructural que erosiona la confianza pública. En estos días, en los que... Ver Más