'Proyecto Salvación' a un paso de hacer historia en los Oscar gracias a Rocky

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Es uno de mis libros favoritos de ciencia ficción y ahora su llegada al cine, con sus más y sus menos, está siendo sin duda una de las películas de la temporada, y es que Proyecto Salvación, adaptación de la novela Proyecto Hail Mary, del novelista norteamericano Andy Weir, a quien también le debemos El marciano, tiene muchos elementos que la hacen única y muy disfrutable.Entre ellos hay uno, y no lo vamos a considerar spoiler pues ya se encargó Sony Pictures de desvelar la sorpresa en el primer tráiler, que destaca sobre el resto: un Rocky, el alienígena, del que es imposible no encariñarse.¿Puede considerársele un actor de reparto?Ahora, además, está a punto de hacer historia, aunque es algo que podría no pasar, pues Amazon MGM Studios (la productora y distribuidora de la película) está impulsando activamente la campaña para que James Ortiz, el titiritero y voz de Rocky, sea considerado en la categoría de Mejor Actor de Reparto en los Oscar.Esto supone un movimiento poco habitual dentro de la industria, ya que implica defender que una interpretación construida a partir de marionetas, voz y retoques digitales pueda competir en igualdad de condiciones con actuaciones tradicionales. Variety ha podido confirmar con la Academia que, efectivamente, Ortiz cumple los requisitos para ser elegible, lo que sitúa a la película en una posición singular dentro de la carrera de premios. El trabajo de Ortiz va mucho más allá de un simple acompañamiento técnico. Durante el rodaje, él y su equipo interpretaron a Rocky en el set mediante complejos sistemas de manipulación, interactuando directamente con Ryan Gosling en cada escena. Posteriormente, los efectos visuales se encargaron de eliminar a los titiriteros y perfeccionar el acabado final, pero la base interpretativa del personaje, incluyendo su ritmo, gestualidad y carga emocional, nace de esa actuación física.Este planteamiento vuelve a poner sobre la mesa un debate que lleva años generando discusión en Hollywood: dónde termina el trabajo técnico y dónde comienza la interpretación. Casos como el de Andy Serkis, responsable de personajes como Gollum en El Señor de los Anillos: Las dos torres o César en El origen del planeta de los simios, ya evidenciaron esa frontera difusa, aunque en su momento no se tradujeron en nominaciones al Oscar dentro de categorías interpretativas.La otra opción: revivir un premio olvidadoEn el caso de que la Academia no apueste por incluir a Ortiz entre los nominados, existe un precedente que podría ofrecer una vía alternativa para reconocer este tipo de logros: el Premio al logro especial.Este galardón, introducido en la década de 1970, fue concebido para destacar contribuciones que no encajaban en las categorías existentes. Gracias a él se reconocieron avances clave en la historia del cine, como el trabajo de sonido que dio vida a R2-D2 en La guerra de las galaxias o la innovadora combinación de animación y acción real en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?. También sirvió para premiar hitos tecnológicos como Toy Story, primer largometraje completamente animado por ordenador.A pesar de su utilidad, el premio lleva más de treinta años sin concederse, lo que refleja cómo la Academia ha ido integrando muchos de esos avances en categorías competitivas. Sin embargo, la naturaleza de Rocky, como personaje que combina interpretación física, manipulación y efectos digitales, encajaría con el espíritu original de ese reconocimiento..embed-error { padding: 1rem; background-color: #ffebee; border-left: 4px solid #d32f2f; margin: 1rem 0; }.embed-error p { margin: 0 !important; color: #d32f2f !important; }