Los agujeros negros no solo devoran materia. Una fracción de lo que cae hacia ellos es expulsada en forma de chorros de partículas a velocidades cercanas a la de la luz, columnas de energía que pueden extenderse durante miles de años luz. Los astrónomos sabían que esos chorros existían y que eran potentes, pero hasta ahora no habían conseguido medir su energía en tiempo real.Un estudio publicado en Nature Astronomy acaba de lograrlo. El trabajo, liderado por el doctor Steve Prabu desde la Universidad de Oxford y el Instituto Curtin de Radioastronomía (Australia), se ha centrado en Cygnus X-1, un sistema binario situado a unos 6.000 años luz de la Tierra. Cygnus X-1 ocupa un lugar especial en la astrofísica: fue el primer objeto celeste confirmado como agujero negro, en la década de 1970, y desde entonces ha sido uno de los más estudiados del cielo.Lo que el equipo de Prabu ha conseguido es pasar de las estimaciones a largo plazo a una medición directa e instantánea. La diferencia importa tanto como la que hay entre calcular la velocidad media de un coche en un trayecto y cronometrar su aceleración en un tramo concreto.Vientos estelares como instrumento de medidaEl método aprovecha una particularidad del sistema Cygnus X-1. El agujero negro orbita junto a una estrella supergigante cuyo viento estelar es ferocísimo. Ese viento empuja y desvía los chorros del agujero negro, y la magnitud de la desviación permite calcular cuánta energía transportan.Según publica Phys.org, los investigadores emplearon redes de radiotelescopios distribuidas por la superficie terrestre para observar cómo los chorros "bailaban" al ser azotados por el viento de la supergigante. Midiendo la potencia del viento y el ángulo de deflexión, obtuvieron la energía cinética de los chorros con una precisión sin precedentes.El resultado: una potencia equivalente a la de 10.000 soles, concentrada en dos columnas que se desplazan a cerca de la mitad de la velocidad de la luz, unos 150.000 kilómetros por segundo. El dato confirma que alrededor del 10 % de la energía liberada por la materia que cae al agujero negro es canalizada hacia los chorros, una proporción que los modelos teóricos predecían pero que nadie había verificado de forma directa. Otros sistemas de gran masa podrían mostrar proporciones diferentes.De lo pequeño a lo colosalEl profesor James Miller-Jones, coautor del estudio desde el nodo Curtin del Centro Internacional de Investigación en Radioastronomía (ICRAR), subraya por qué importa medir un agujero negro relativamente pequeño. La física que gobierna la acreción y la eyección de materia escala de forma consistente: un agujero negro estelar de unas pocas masas solares y uno supermasivo de miles de millones obedecen los mismos principios. Lo que se aprende en Cygnus X-1 es aplicable a los gigantes que habitan el centro de las galaxias.Esa escalabilidad convierte esta medición en una herramienta de calibración para toda la astrofísica de altas energías. Los modelos que simulan cómo los agujeros negros influyen en la evolución de las galaxias dependen en gran parte de la eficiencia con la que sus chorros devuelven energía al medio interestelar. Hasta la publicación de este estudio, el parámetro clave de esos modelos era una suposición; ahora es un dato medido.El consorcio que firma el artículo incluye las universidades de Barcelona, Wisconsin-Madison, Lethbridge y el Instituto de Ciencias del Espacio. Conectar radiotelescopios de varios continentes fue necesario para captar los sutiles movimientos de los chorros, lo que da una idea de la precisión exigida por el experimento.La próxima frontera, según los autores, será aplicar la misma técnica a otros sistemas binarios y comparar si esa eficiencia del 10 % es universal o varía con el tamaño del agujero negro.