Se apagaron los farolillos en el Arenal y la Maestranza echó el telón a la Feria con una de Miura en toda regla. Corrida seria, bien presentada en su conjunto, con el sello del hierro de Zahariche: toros largos, altos, de armazón imponente y una media en báscula por encima de los seiscientos kilos. Solo el sexto, más acapachado y de menor presencia, rompió una foto que, en líneas generales, devolvía al aficionado la liturgia del toro íntegro para el último día. El Miura de hoy no regaló nada. Tuvo teclas, dificultades, ese punto de incertidumbre que convierte cada muletazo en una pregunta. Faltó humillación y entrega, pero hubo emoción. Y en ese terreno, el del oficio y la verdad,... Ver Más