Cuando te llamé, me respondiste; me infundiste ánimo y renovaste mis fuerzas. Salmo 138:3 Amado Padre que estás en el cielo, te agradecemos que somos tus hijos y que tus ojos cuidan de nosotros y ven todo lo que hay en nuestro corazón. Tú escuchas la petición de cada corazón, y responderás en el momento oportuno. Extiende tu mano firme sobre nosotros, pues somos débiles y a menudo afligidos, sin saber qué hacer ni cómo encontrarte. Pero tú estás con nosotros en cada necesidad, a pesar de nuestras fallas y debilidades. Tú estás con nosotros y en medio de todo nos guías a la meta verdadera de nuestra vida, hasta que cada uno de nosotros pueda regocijarse por todo lo que has hecho, para alabanza de tu nombre, Padre nuestro. Amén. Artículos recientes de Plough Charles Haddon Spurgeon Ora por el avivamiento Una reforma de la iglesia no es suficiente. Leer Ben Quash ¿Cómo la belleza moldea el imaginario cristiano? Un teólogo cuenta la historia de la belleza, desde la cabellera de Absalón hasta los jardines de la campiña inglesa. Leer