El silencio atronó en un ruidodo e incompleto Camp Nou, con casi 60.000 almas sentadas en sus modernas gradas. De reptente, el silencio se escuchó. Y un gol, el que le daba el triunfo al Barça sobre el Celta manteniendo la renta de nueve puntos sobre el Madrid, apenas se festejó. Marcó Lamine, se echó la mano a su pierna izquierda y se desparramó sobre el césped, sin ganas de festejar nada. Nada de nada. Seguir leyendo....