El sonido, como diría después Donald Trump, y pude oír claramente, parecía el de una bandeja cayendo. Tal vez fue porque, tras que el aspirante a homicida entró pistola en mano, algún camarero dejó caer lo que llevaba. Yo supe exactamente que estábamos posiblemente ante una masacre al ver los cuerpos de mis compañeros de la prensa y sus acompañantes, y no pocos políticos caer al suelo, como pesos muertos, miradas de angustia, manos sobre la cabeza. Entonces, silencio. Un silencio extraño. Por coincidencias del destino, tenía el asiento al lado del escenario, en una mesa a unas decenas de metros de donde estaba el presidente, sentado con los galardonados de los premios de periodismo, reporteros intrépidos y respetados que... Ver Más