La larga historia del negacionismo climático: una gran piedra en el camino que supone un freno a la acción climática

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El negacionismo climático viene de lejos, promovido por intereses varios que pasan por querer alargar la civilización de los combustibles fósiles hasta límites peligrosos e insostenibles.El negacionismo climático está promovido, en gran medida, por el lobby de la industria petrolera, los intereses económicos y las políticas neoliberales. Todo esto en un momento en el que es más que necesaria que nunca la acción climática.Con el paso de los años, el negacionismo climático ha ido evolucionando. Al principio se negaba el propio calentamiento global con toda una batería de argumentos que intentaban poner en tela de juicio la validez de los registros de temperatura usados por el IPCC en sus primeros informes. Se insistía en el “dopaje” provocado en ellos por las islas de calor de las ciudades y se cuestionaba su significación estadística.Posteriormente, ante el peso de las evidencias científicas, los negacionistas comenzaron a admitir que la temperatura media global estaba subiendo, pero que ese calentamiento no era antrópico, sino debido exclusivamente a causas naturales ajenas a nuestras actividades. La ciencia ha sido capaz de demostrar la singularidad que tiene el cambio climático actual, principalmente en lo que respeta a su velocidad.La última vuelta de tuerca es el llamado neonegacionismo. Ahora se admite que el ser humano está detrás del calentamiento global, pero se promueve la inacción climática, argumentando que cualquier cosa que se haga no servirá para nada. ¿Qué será lo próximo? Lo cierto es que, en nuestra sociedad tecnológica actual, basada en un modelo económico de crecimiento infinito, claramente insostenible, el negacionismo climático se ha hecho fuerte, arrastra a muchas personas y supone un freno a la acción climática. La cosa viene de lejos.«Dos grados más no son para tanto»Esta frase cargada de ironía es el título de un interesante libro que José María Baldasano publicó en 2025 y que tiene como subtítulo “Una historia del negacionismo climático”. El profesor Baldasano relata de forma exhaustiva cómo se ha ido construyendo el relato del negacionismo climático, que se remonta más atrás en el tiempo de lo que se tiende a creer: a los años 50 y 60 del siglo pasado. Tal y como afirma el autor: “El negacionismo climático es, principalmente, un fenómeno económico, ideológico, político, social y mediático [¡Ahí es nada!] que rechaza o subestima el consenso científico sobre el actual cambio climático y sus consecuencias, que tiene como objetivo básico y principal que la humanidad continúe en la civilización de los combustibles fósiles”.El ingeniero químico José María Baldasano y la portada de su último libro (“Dos grados más no son para tanto” Cátedra, 2025).Baldasano cuenta con todo lujo de detalles el asunto que se destapó hace unos años, cuando salió a la luz un informe que los responsables de la empresa petrolera Exxon Mobil encargaron a unos científicos para evaluar el impacto que tendría la quema de petróleo y de otros combustibles fósiles, proyectada a partir de los años 70, en la temperatura y la concentración de CO 2 en la atmósfera. Aquella proyección se ajustó con sorprendente precisión a la evolución que fue teniendo la temperatura desde aquel entonces hasta la actualidad. Las empresas petroleras eran conocedoras del riesgo que suponían la quema masiva de combustibles fósiles, por lo que optaron por ocultar esa información, evitando que saliera a la opinión pública, negando la evidencia científica y obstaculizando cualquier medida que se destinara a poner freno a la “barra libre” de extracción de petróleo. Izquierda: Gráfica con la Evaluación de las proyecciones de calentamiento global encargada por la petrolera Exxon Mobil (derecha) en los años 70 y archivada. Crédito: Supran, et al., 2023. Fuente: Science.Baldasano termina su ensayo con el siguiente párrafo: “La reflexión final de este libro es muy simple pero muy grave para el planeta, y especialmente para los seres humanos: la codicia humana ha conseguido alargar la civilización de los combustibles fósiles durante un tiempo equivalente a casi tres generaciones, y lo ha hecho conociendo perfectamente las tremendas implicaciones que ello tiene para la habitabilidad del planeta Tierra y para la humanidad, y hay una voluntad absoluta de seguir en ese camino”.Un freno a la acción climáticaLos que profesan esas ideas no quieren ni oír hablar de la emergencia climática, de la descarbonización urgente, de cambiar muchos aspectos de nuestra vida. Se ha ido produciendo una deriva hacia el extremismo ideológico, muy ruidoso y peligroso, con una gran capacidad de arrastre, retroalimentado por líderes políticos como Trump o Milei, que obstaculizan la acción climática global.La acción climática es un reto lleno de obstáculos, entre los que se cuenta el negacionismo.Tenemos que encontrar las herramientas adecuadas para contrarrestar sus proclamas, eliminar el ruido. Los negacionistas juegan con una ventaja, ya que lanzar un bulo sobre el cambio climático es muy fácil y rápido, pero desmentirlo es complicado y laborioso. Han encontrado en las redes sociales su megáfono particular. Resulta muy fácil crear opinión y arrastrar “al lado oscuro” a muchas personas que, por ignorancia o militancia, no atienden a lo que va dictando la ciencia (nuestro conocimiento).Artículo relacionadoLos Pirineos sufren más los efectos del cambio climático: cada década pierden 3 días de heladas y ganan 5 días de veranoTodo esto no debe hacer caer las medidas de mitigación y adaptación. A pesar de las dificultades que acarrean las que habría que llevar a cabo, hemos de poner todo nuestro empeño acciones para ejecutarlas y hacerlo además con urgencia, ya que el tiempo juega en nuestra contra. Los costos económicos y de otra índole de algunas de ellas son enormes, pero también lo son los beneficios. Estamos hablando de acciones como apostar firmemente por las energías renovables, mejorar la eficiencia energética, desarrollar sistemas de captura y almacenamiento de carbono, entre otras muchas.