En la memoria del aficionado perduran los estilos de delanteros como Luis Suárez o Matías Vuoso; tipos que se desgastaban en sprints hasta la línea de banda sólo para tapar un despeje. Eran esfuerzos que rara vez alteraban el marcador, pero que lograban encender la grada por su entrega física.Algo muy similar ocurre con la llamada “eliminación de las pensiones doradas”, que entró en vigor el pasado 10 de abril mediante la modificación al artículo 127 constitucional. La reforma posee una potencia mediática innegable: garantizar que ninguna pensión de servidores públicos supere el 50% del salario de la Presidenta; es decir, un tope cercano a los 67 mil pesos mensuales.A primera vista, la maniobra se percibe como una buena jugada contra la desigualdad y para las finanzas públicas. Sería una falta de rigor negar que, en el fondo, la intención es válida. Sin embargo, revisando los números, queda claro que estamos ante una estrategia más simbólica que funcional.El ahorro estimado por esta medida ronda los 5 mil millones de pesos anuales. Aunque la cifra suena contundente para el bolsillo ciudadano, en las finanzas públicas representa muy poco: apenas el 0.06% del gasto del gobierno federal y un marginal 0.01% del producto interno bruto (PIB).Para ponerlo en perspectiva: actualmente el gobierno federal destina esos 5 mil millones de pesos cada semana únicamente al subsidio de las gasolinas. En términos llanos, lo que se ahorra en todo un año de “austeridad pensionaria” se diluye en apenas siete días de apoyo al subsidio.Esta situación evoca el “efecto Luis Suárez” de sus últimos años en el Atlético de Madrid, cuando nos deleitaba con sprints diagonales hacia el portero o defensas que rara vez terminaban en recuperación. O mejor aún, las jugadas de Matías Vuoso en Santos, América o Atlas, a quien recuerdo verlo lanzarse de cabeza para intentar bloquear una salida defensiva.Eran despliegues que provocaron el aplauso unánime, pero que tácticamente resultaban en sacrificios estériles. El balón seguía circulando, la salida del rival no se interrumpía y el desgaste del jugador no movía el marcador. En el mejor de los casos, el resultado era un simple saque de banda. Eran jugadas tribuneras: ideales para la foto y la narrativa de la garra, pero con nula incidencia en el desenlace del partido.Exactamente eso es la eliminación de las pensiones doradas: un sprint al defensa que está pegado a la banda. Mientras el pueblo celebra el castigo a los privilegios, las finanzas públicas permanecen en rojo, y esta medida no lo corrige. Desde 2018, México ha mantenido un déficit fiscal constante que, en los últimos dos años ha superado el 5% del PIB. Frente a ese escenario, el ahorro del 0.01% parece intrascendente.Si realmente se pretende ganar este partido, hay que dejar de perseguir balones perdidos en el córner y atacar los problemas estructurales. La corrupción en México le cuesta al país el 5% del PIB; la evasión y elusión fiscal representan pérdidas del 4%, y una informalidad laboral que asfixia al 55% de la fuerza de trabajo. Ahí están fuentes importantes de recursos.La política económica, al igual que el futbol, debe evaluarse por su eficacia y no por su estética. Al apostar por jugadas que sólo buscan levantar a la grada, el aficionado podrá irse a casa emocionado por el esfuerzo, pero el equipo seguirá estancado en la tabla.Correr mucho no siempre significa jugar bien. Hoy, en la economía mexicana, estamos haciendo el desgaste físico en jugadas que, aunque cargadas de buenas intenciones, no van a cambiar el marcador final.The post Eliminación de las pensiones doradas: una jugada para la tribuna first appeared on Ovaciones.