La secuencia de acontecimientos no es favorable. El grave fracaso de Donald Trump ante Irán llega en el preciso momento en que el presidente de Estados Unidos emprende su Kulturkampf contra la iglesia católica para reafirmar el carácter anglosajón (no azteca) de su país. El presidente Trump se ve ante el hecho que la diplomacia no puede manejarse igual que un negocio –al menos no con el interlocutor iraní. Y que su ideología “jacksoniana”, eficaz en la política interior estadounidense, no permite responder a los problemas estratégicos. Atrapado en un callejón sin salida, Donald Trump trata de adaptarse a la situación y cambia radicalmente.