Estas líneas están escritas hace algún tiempo. En realidad las escribí para mí, pero ahora que se cumple un año del fallecimiento del Papa Francisco, me ha parecido oportuno compartirlas. Es como si necesitara, a través de ellas, mostrar mi gratitud a quien durante doce años fue la cabeza visible de la Iglesia; de mi Iglesia. El título que las encabeza podría hacernos pensar que contiene una expresión que por su obviedad no aporta nada novedoso u original (una suerte de epíteto o pleonasmo), porque, realmente, no es imaginable un Papa que no sea cercano al Evangelio y que no lo haya tenido –o lo vaya a tener- durante su papado como norte y guía en su quehacer diario. Pero,... Ver Más