La ballena Timmy se aleja en una barcaza hacia el Báltico

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«Se aleja en dirección contraria a la costa», ha confirmado, entre lágrimas, la abogada Constanze von der Meden, portavoz de la operación de rescate privada de la ballena Timmy , que a esta hora se aleja en dirección al mar del Norte. Cerca de las tres de la tarde se superaba el principal obstáculo de este enésimo intento de liberar a la ballena jorobada del fondo de arena en el que permanecía varada. Timmy nadó varios metros por sí misma hacia la barcaza, en cuyo remolque se realiza el transporte, al menos hasta llegar a mar abierto. Varias docenas de voluntarios, tras un estallido de gritos de entusiasmo, se han encargado de que Timmy recorra los últimos y decisivos metros. Tirando de arneses, tubos, cuerdas y correas, mientras otros intentaban calmar al animal acariciándole la cabeza, empujaron sus 12 toneladas hasta lograr que encajase en el transporte. Fue necesario un giro de 180 grados. Después bajaron la red de seguridad y, finalmente, la barcaza ha puesto rumbo al norte. Y entonces, como si el peso de la tensión acumulada se liberara de golpe, han llegado las lágrimas, los abrazos, los gritos de alegría. La despedida de Timmy está siendo emocionalmente muy intensa. Los dos financiadores de la operación de rescate, dos conocidos empresarios alemanes, se declaran abrumados por el éxito repentino, después de semanas de intentos en vano. «Estoy aliviado y muy feliz. Ha sido la mayor aventura de mi vida hasta ahora», ha reconocido el fundador de MediaMarkt, Walter Gunz, con los ojos humedecidos e incapaz de seguir hablando. Karin Walter-Mommert también ha expresado su satisfacción. «No puedo expresar lo feliz que estoy. Se podía ver que la ballena luchaba y quería vivir. Tenerla ahora en la barcaza es simplemente maravilloso y demuestra que la lucha por Timmy ha valido la pena», ha dicho. Los millones de alemanes que han seguido minuto a minuto el destino de Timmy, desde finales de marzo, sabían que esta jornada era determinante. Las críticas por parte de organizaciones de protección de los animales habían ido creciendo y se habían escuchado incluso acusaciones de maltrato. Todavía a última hora, mientras los voluntarios intentaban subir a Timmy a la estructura flotante de la barcaza, el investigador de ballenas Fabian Ritter criticaba la operación y señalaba que »algunas escenas que estamos viendo son difíciles de soportar: una vez uno de los ayudantes se ha subido a la espalda de Timmy y eso da miedo«. En su opinión, «es difícil ver cómo se trata a la ballena, cómo los ayudantes tiran de ella… esta acción significa puro estrés para el animal», comentaba también. El cúmulo de críticas, las voces que pedían dejar morir tranquila a Timmy en lugar de empeñarse en seguir rescatándola, suponían ya una gran presión sobre las autoridades locales. «Hoy es el día de la decisión», había dicho a primera hora el ministro de Medio Ambiente de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Till Backhaus, en el puerto frente a la isla de Poel. Ahora, que la ballena regresa al mar, Backhaus evita todavía cantar victoria. «Por supuesto, es muy buena noticia, nunca habíamos estado tan cerca, pero sabemos por experiencia que es pronto para alegrarse, que hay que seguir trabajando y seguir superando las últimas dificultades. Durante el transporte de varios días planeado, hasta la entrada del mar Báltico, se debe asegurar que el agua dulce entre constantemente en la barcaza y que la ballena pueda ser liberada en caso de emergencia. En el momento de la liberación definitiva, no debe quedar atrapada en la barcaza y será muy complicada la maniobra de la compuerta trasera. Pero, de momento, Timmy está en la barcaza. Timmy avanza. Timmy respira. Y Alemania respira con ella. Su rescate se ha convertido en el primer asunto de la actualidad, por encima de la guerra de Irán del atentado contra Trump y del nuevo acercamiento a la Luna. Los medios de comunicación han seguido su desarrollo con un gran despliegue durante semanas en las que la audiencia no descendía y los espectadores no se cansaban de ver y comentar en redes cada resoplido de la ballena. Los alemanes, los europeos que mayor distancia personal practican en sus relaciones con otras personas, han empatizado colectivamente hasta lo impensable con este cetáceo, tan inexpresivo e inescrutable como ellos, que ahora se aleja, seguramente sin saber que ha entrado a formar parte de la cultura popular de este país y que ha despertado emociones de todo tipo, que se han desatado sin pudor y sin medida. Cuando Timmy doble el cabo de Skagen, desaparecerá en el horizonte un fenómeno social y, en cierto sentido, un espejo emocional que quizá nos permitió ver, por un instante, a los alemanes tal y como son en su interior.