El mundo del atletismo sigue en shock por lo ocurrido este domingo en el maratón de Londres, el récord estratosférico de Sabastian Sawe (1h59:30) y la no menos increíble marca de Yomif Kejelcha (1h59:41). Después de años cavilando sobre si algún ser humano llegaría a correr por debajo de las dos horas sobre los 42,195 kilómetros, dos lo lograron en un lapso de once segundos. El día después de la hazaña se elucubra sobre cuáles fueron los factores determinantes para lograrla. Se habla de un clima perfecto en la capital británica, de unas zapatillas ligerísimas (97 gramos) y diseñadas para catapultar a su portador en cada zancada o del avance de los hidrogeles, capaces de aportar al organismo una mayor cantidad de carbohidratos sin causar malestar gastrointestinal. Hasta se analiza la influencia que pudo tener el desayuno previo, contado por el propio protagonista: dos rebanadas de pan con miel, té y avena. Pero detrás de todo eso, más o menos común a todos los deportistas de élite que participaron, hay un atleta con unas condiciones superlativas. Se puede decir que Sawe era uno de los principales candidatos, si no el primero, a batir el récord de Kiptum. Lo que nadie esperaba es que lo hiciera tan pronto. Sawe no es un jovencito, ni mucho menos. Cumplió 31 años el pasado mes de marzo, pero hasta hace bien poco era un completo desconocido. La culpa la tienen la pandemia y las lesiones, que retrasaron su llegada a Europa. En esa época de incertidumbre llegó a pensar en dejar el atletismo para ser policía. Sin embargo, en su campo de entrenamiento intuían su enorme potencial y lo convencieron para dejar las pruebas de pista (era especialista en 5.000, con una mejor marca de 13:42.28) para probar en la ruta. Allí habría dinero, le aseguraron. Así llegó a Sevilla en el mes de enero de 2022. Contratado para hacer de liebre en la media maratón de la capital hispalense , en la que iba a ser su primera experiencia corriendo en el Viejo Continente. «No iba a correr más de 15 kilómetros, pero durante la carrera vio que iba a muy buen ritmo. Yo creo que él mismo se sorprendió de lo plano que era el recorrido», recuerda Mateo Navajas, director de aquella prueba. La empresa que lo contrató pidió permiso para que Sawe pudiese terminar la carrera y, tras recibir el visto bueno, el keniano, con el dorsal 672, voló hasta la meta para ganar en 59:02. Un segundo más lento de lo que tardó en correr la segunda media en Londres. «Todavía es el récord de la prueba. Aunque es verdad que cuando él corrió se le conocía por Sabastian Kimaru, que es su segundo nombre. Lo de Sawe ha sido posterior». Navajas habla de Sawe como un atleta «muy callado, muy cortado»: «La gente que trae a estos atletas los trata muy bien, los arropa en todo momento. Pero el idioma y el tipo de vida es una novedad para ellos. Por eso están todo el rato a lo que les digan». Lo que no olvida es la calma que transmitía antes de la carrera y el aviso que le dieron al terminar. «Se le veía muy relajado. Nadie contaba con él, claro, pero ya era un atleta prometedor. En el momento que ganó, me dijeron: 'Despídete de él, que no vuelve a Sevilla'. A partir de esa carrera ya dio el salto a otro estatus. Este tipo de corredores alcanzan enseguida una tarifa que ojalá tuviéramos nosotros». Ese mismo año Sawe ganó otras dos medias, en Roma y Manama (Bahrein) antes de proclamarse en 2023 campeón del mundo de la distancia en Riga (Letonia). Ya entonces se empezó a mirar con lupa cada una de sus actuaciones y a pensar, con acierto, en que su mejor distancia no era esa. «Hablabas con gente más especializada y tenían claro su potencial en el maratón. Si había alguien candidato a mejorar el récord de Kiptum era él. Lo que no creo que esperaran es que lo hiciese tan rápido. Y el lugar también sorprende. Hay circuitos más rápidos que Londres». En su concienzuda preparación para Londres , Sawe llegó a acumular semanas de entrenamiento con hasta 240 kilómetros de rodaje, una barbaridad que en otros tiempos no hubiese sido posible. Tanto el propio atleta como su entrenador, el italiano Claudio Berardelli, declararon al finalizar que ese volumen de carga fue la causa principal de lograr la plusmarca, y que aún hay margen de mejora. Precisamente por todo lo anterior nadie se atreve a vaticinar si la nueva plusmarca perdurará por años o será batido este mismo otoño con la llegada de recorridos más propicios, como Chicago, Berlín o Valencia . «Es que mira también lo de Kejelcha…», concluye Navajas. «Me parece una auténtica animalada que dos personas hayan bajado de las dos horas». Él espera que al menos aguante un tiempo para presumir de que conoce al recordman mundial. «Ojalá decidiera volver a los orígenes y correr en Sevilla otra vez algún día. Aquí tiene su casa, pero lo dudo mucho».