Si pensabas que el culebrón de la inteligencia artificial había tocado techo, la guerra abierta que arranca hoy en California, que supone el último capítulo (por ahora) de un beef histórico, viene para llevarte la contraria. Buscando dinamitar el sector, Elon Musk ha sentado a Sam Altman en el banquillo exigiéndole 125.000 millones de euros a OpenAI y Microsoft por una supuesta traición a sus principios.Repasando los detalles que desgrana la publicación Technology Review, el núcleo de la demanda gira en torno a un engaño fundacional. Elon Musk argumenta que Altman y Greg Brockman le manipularon para financiar los inicios del proyecto, inyectando 35,5 millones de euros hasta mayo de 2017 antes de que montaran una filial lucrativa a sus espaldas.Mensajes comprometedores, salidas a bolsa en peligro y la guerra sucia en Silicon ValleyDesde el lado de los acusados dibujan un panorama muy distinto, ya que la cúpula de OpenAI niega categóricamente que hayan utilizado el capital inicial de su antiguo socio para enriquecerse dejándolo fuera del negocio. De hecho, Altman sostiene que fue el propio Musk quien intentó fusionar la iniciativa con Tesla para mantener el control absoluto.Para dirimir quién dice la verdad, la jueza Yvonne Gonzalez Rogers arbitrará una monumental pelea judicial que arranca este 28 de abril en Oakland. Un jurado de nueve personas escuchará hasta mediados de mayo los testimonios de gigantes del sector como Satya Nadella, Mira Murati o Ilya Sutskever, emitiendo finalmente un simple veredicto consultivo.Todo este circo mediático y judicial llega en el peor momento posible para Altman, amenazando con entorpecer los planes de futuro corporativos. La posibilidad de que los tribunales reviertan la estructura de la empresa pone en serio riesgo una operación de salida a bolsa que maneja una valoración cercana a los 795.000 millones de euros.Mientras la competencia suda tinta intentando salvar su estreno financiero, Musk podría aprovechar este nivel de caos corporativo para impulsar Grok, su propia red neuronal. Hundir a su rival le daría una ventaja valiosísima, apoyándose en la inminente salida a bolsa de SpaceX en junio con 1,17 billones de euros de valoración conjunta con xAI.Analizando la jugada desde una perspectiva estrictamente jurídica, expertas de universidades estadounidenses como Jill Horwitz o Rose Chen Loui ven agujeros enormes en la denuncia. Estas especialistas señalan que Musk está utilizando un marco legal de fideicomisos totalmente erróneo, recordando que fiscalizar entidades benéficas es una tarea exclusiva que el fiscal de California ha rechazado asumir.Queda claro que los recientes movimientos de la empresa desviando millones hacia proyectos filantrópicos no han servido para calmar un ambiente tremendamente tenso, donde el dueño de X acusa a su antiguo compañero de mentir tanto como respira. Las pruebas que se van a ventilar en la corte californiana prometen sacar los colores a más de un directivo.La disección pública de incontables mensajes de texto privados y diarios internos servirá para arrojar algo de luz sobre los oscuros orígenes de esta tecnología. Una batalla que marcará un antes y un después sobre si el mercado privado ha sepultado definitivamente la vieja utopía de mantener los algoritmos avanzados al alcance de todos.