Antes de que Interstellar hiciera historia con su agujero negro científicamente preciso, Disney ya había intentado crear el suyo propio. Lo hizo en 2002 con una tecnología experimental que adelantó técnicas clave de la animación moderna

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El agujero negro de El Planeta del Tesoro no buscaba ser realista, pero sí empujar los límites técnicos de su época. Dos décadas después, muchas de esas soluciones forman parte del lenguaje habitual de la animación digital.