Una sala de calma, refugio para niños con autismo mientras los tenistas se baten en duelo

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Es un constante trajín, el del Mutua Madrid Open . En la Caja Mágica, un continuo vaivén de personas se entremezcla con los aromas procedentes de los numerosos puestos de comida. Las luces son tenues, azuladas, en contraste con el calor casi veraniego que agota a quienes salen a presenciar entrenamientos y partidos sobre arcilla. Son muchos los estímulos, las risas y el no parar, que pueden saturar a quienes padecen Trastorno del Espectro Autista (TEA). Por ello, la organización ha puesto en marcha una nueva sala de calma para que niños con autismo puedan encontrar en ella un momento de tranquilidad. El espacio, por el que todavía no han pasado niños, cuenta con dos salas. La primera, de tonalidades verdes, está dotada con columpios y cojines para sentarse, mientras que talleres sensoriales conforman la segunda. «Es una realidad inclusiva, porque hay muchas actividades que dicen que lo son y se quedan un poco en el marketing», asegura Estela Durán, CEO de Tiempo Pequeño, la empresa al cargo de la guardería, que este año incorpora la sala de calma. Este jueves, un grupo de niños de la Fundación Alcaraz acudirá a probarla. Aunque este lugar está destinado a que puedan encontrar en ella un descanso a sus estímulos, los niños con TEA también podrán estar en la zona de guardería, que suma ya cinco años en este torneo. Para llegar a la calma tienen que pasar por ella, que desde el exterior es casi invisible, guardada por una puerta grande y gris que no da pistas sobre lo que hay detrás. Un cartel anuncia la guardería y, como cuentan sus trabajadores, son muchos los niños que se detienen ante la promesa de una piscina de bolas y numerosos juegos. La idea «es conciliar cuando los padres quieren estar viendo partidos o disfrutando del ambiente», asegura Estela. Muchos son hijos de tenistas o personas que deben pasar largas jornadas en el recinto, por lo que no conocen el idioma pero, para ellos, «el juego tiene un lenguaje universal». Dos piscinas de bolas, un circuito motor, toboganes y juegos atraen a los más pequeños. Está orientada a «todo tipo de niños y con todo tipo de actividades, tanto el rincón creativo como todo el tema de psicomotricidad». Entre los más entusiastas de esta iniciativa, además de los jugadores que tratan de conciliar carrera y paternidad, se encuentran los más pequeños, de entre 2 y 7 años. «También tenemos actividades un poco más deportivas, aunque el espacio sea pequeñito, para niños más mayores. Montamos porterías y hacemos mini partidos», cuentan, ya que pueden quedarse hasta niños de 11 años. Sin duda, es el fin de semana el momento en el que más niños llegan a este espacio, cuyo precio puede consultarse a través de la página web. Han acogido hasta 50 niños aunque, entre semana, la cifra llega a reducirse hasta los 10. Aseguran estar en constante contacto con los progenitores, que dejan un número de teléfono por si se diese una emergencia. «Papás con bebés que a lo mejor necesitan estar en pista tranquilos nos lo dejan y tenemos un teléfono para llamarles si pasa cualquier cosa», asegura Durán. Pero, dice, lo primero es buscar recursos para que los niños estén cómodos en ese espacio y que hagan de él su hogar el tiempo que necesiten.