Diego Pablo Simeone, conocido como 'Cholo' Simeone, atraviesa días intensos junto al Atlético de Madrid, equipo al que dirige. El pasado fin de semana, el conjunto colchonero perdió la final de la Copa del Rey ante la Real Sociedad en una vibrante tanda de penaltis. Pero este decisivo tramo de la temporada no da tregua. Sin apenas tiempo para digerir la derrota, el técnico argentino debe preparar a sus jugadores para la Champions League, donde se medirá al Arsenal en semifinales. Todo ello sin descuidar los partidos que restan de LaLiga, donde se encuentra en tercera posición. Lejos de esta presión que genera el fútbol, Simeone encuentra su verdadero equilibrio en casa. Junto a su mujer Carla Pereyra, ha construido un refugio íntimo en La Finca, una exclusiva urbanización de Madrid que le permite desconectar del ruido mediático. Comparte vecindario con otros futbolistas como Marcos Llorente o Thibaut Courtois. «Compramos esta casa hace un tiempo y la he renovado al completo. Se refleja cómo nos gusta vivir, con espacios amplios para compartir en familia y, sobre todo, mucha luz natural», explica Pereyra, empresaria, en la revista ¡HOLA!. La vivienda, de 1.900 metros cuadrados, es una declaración de intenciones: privacidad, calma y un estilo 'quiet luxury' basado en la elegancia discreta. Con seis baños, gimnasio, piscina, zonas 'chill out' y un jardín que se funde visualmente con el interior, la casa apuesta por un estilo minimalista. Aunque también se pueden observar obras de arte, esculturas y arreglos florales que aportan vida y personalidad. En el amplio salón, una moqueta azul ultramar marca la diferencia. Los muebles se distribuyen con armonía. El sofá principal, una pieza modular de silueta orgánica y tapizado en bouclé blanco, marca las zonas de paso sin necesidad de levantar paredes y aporta una continuidad visual que enlaza el salón con el comedor. En la zona más íntima, un imponente monolito de nogal de doble altura integra una chimenea moderna enmarcada en mármol negro. Dos sillones nórdicos tapizados también en bouclé blanco aportan calidez táctil, mientras una mesa de cristal ahumado deja ver la moqueta azul sin interrumpir la continuidad visual. En otro rincón, la madera de nogal envuelve un espacio más atrevido, con un mueble bajo dorado bajo un espejo cóncavo azul que distorsiona la estancia. Un tocadiscos vintage y un amplificador de estética clásica marcan el tono, acompañados por jarrones con plumas de pampa. A su lado, se encuentra una de las zonas más llamativas de la estancia: la zona bar, ubicada bajo una escalera panelada en madera, que aporta un guiño retro con muebles de líneas sobrias y taburetes ergonómicos. El comedor, ligeramente elevado, introduce madera de roble claro y una lámpara escultórica que flota sobre la mesa maciza, creando una transición suave entre ambientes. Por su parte, grandes ventanales eliminan barreras entre el interior y el jardín, mientras piezas icónicas como la lounge chair de Charles y Ray Eames o la estantería Albero aportan carácter sin romper la calma. La mezcla de texturas —madera de nogal, mármol negro, cristal— construye un equilibrio donde nada es superfluo. En el dormitorio principal, la estética que evoca un hotel de cinco estrellas, la luz natural, las cortinas de lino y los tonos cálidos crean un ambiente íntimo y relajante.