A veces, desde lejos se ven mejor las cosas. Cuando se buscan culpables de la crisis del Real Madrid se mira poco al palco, se justifica el banquillo y se dispara contra las estrellas. Camavinga es un cabeza de turco fácil, Mastantuono no es Lamine Yamal, y Huijsen empezó como Beckenbauer pero ha tendido a Iván Campo. Pero, tras otro año en blanco, los que más reciben son los dos de arriba. Vinicius, en un santiamén, de idolatrado a silbado por su propia afición. En dos partidos, pasa de balón de oro a balón de playa. No se perdona que se cargara a Xabi Alonso, pero al entrenador no lo fulminó él sino Florentino Pérez, que en ese conflicto no ungió de autoridad al entrenador. Y luego está lo de Mbappé. Se le tira en cara su poco compromiso, su escaso sacrificio defensivo y esas cenas que se alargan en los reservados en restaurantes de Madrid con mucha leña. Pero Mbappé es un especialista del gol y, en su cometido, no falla. Y si no, que encuentren otro profesional, en la élite del fútbol, que meta 41 goles en 41 partidos, que son los que lleva esta temporada. Volverá a ser Pichichi en España y anotó 15 goles en la Champions. Ninguno de sus tantos servirá para ganar ni Liga, ni Copa, ni Champions. Y perdió otra final de Supercopa contra el Barça. Cierto es que Mbappé llegó al Madrid que era campeón de Europa y hoy son campeones de lamento. En dos temporadas, una Supercopa de Europa y una Intercontinental es un botín pobrísimo, impropio del presupuesto y la plantilla blanca. Pero si se fueron Modric y Kroos y no se suplieron esas piezas básicas, no es culpa de Mbappé. Lo de tres entrenadores distintos en un año, tampoco. Ojalá sigan con los diagnósticos equivocados. Leer más]]>